Sublevados en la casba

FRANCISCO ALEGRE Y EL GRUPO ANTONIO RUEDA

La toponimia urbana valentina, los nombres de sus calles y plazas, nos relata parte de nuestra historia,  sobre todo de aquella que no quieren que olvidemos. Nuestro nomenclátor está plagado de personajes ilustres y hechos gloriosos que merecen permanecer en nuestra memoria, pero, aún hoy existen ciertos topónimos diseminados por nuestros barrios que, lejos de honrar nuestra historia, causan estupor.

De entre todo este elenco de calles difíciles de asimilar,  llama la atención por su número y concentración, las 29 que forman el Grupo Residencial Antonio Rueda (llamado así en honor al Gobernador Civil de turno)  situado entre las arterias de Tres Forques – Archiduque Carlos y Santa Cruz de Tenerife. Conocido en un principio como Polígono de Castilla, este grupo de 1002 viviendas fue construido entre 1965-1972 dentro del programa de la Obra Sindical del Hogar (institución franquista creada para coordinar la construcción de viviendas de renta baja) para dar cobijo a familias de escasos recursos.

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Lápida rotuladora del Grupo Antonio Rueda en la actualidad. 

 

 

Este conjunto residencial, que fue alabado por arquitectos y urbanistas debido a su buena factura y composición, esconde entre sus pasajes los últimos estertores del franquismo toponímico de nuestra ciudad. Y digo pasajes porque es entre unas pequeñas calles cerradas que separan los grupos de viviendas unifamiliares del grupo donde se dan cobijo la mayoría de dichos topónimos.

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Pasaje característico de la “Casba” en el conjunto residencial Antonio Rueda.

 

29 nombres fueron necesarios en 1972 para dar nombre a semejante enjambre de calles o “casbah” como prefieren mencionar los estudiosos (Taberner et al.  2007). Y 29 nombres de sublevados falangistas “caídos por Dios y por España”  fueron los seleccionados por el entonces alcalde, también falangista, Vicente Lopez Rosat. Y es, cuanto menos, curioso que se decidiera rotular con el nombre de un puñado de “héroes anónimos de la patria, sublevados contra las hordas marxistas y mártires, que hallaron su muerte al defender sus ideales cuando se inició el Movimiento Nacional en 1936”, tal y como reza el expediente de rotulación de calles del 9 de junio de 1972, en pleno ocaso del franquismo y tantos años después de la contienda bélica.

De la panoplia de personajes que conforman el nomenclátor del Grupo Antonio Rueda, todos ellos ciudadanos españoles de distinta edad, condición y sexo, he querido rescatar la figura de Francisco Alegre Alcañiz, protagonista, tal vez sin saberlo, de una de las acciones menos conocidas y quizá más determinantes en aquel fatídico verano de 1936.

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Placa de la calle de Francisco Alegre.

 

EL ASALTO A UNIÓN RADIO

El sábado 11 de julio de 1936, una semana antes del pronunciamiento militar que desencadenaría la guerra civil española, a las 9:30 de la noche, un grupo de falangistas armados con pistolas, que según algunas fuentes resultaron ser de madera, tomaba la emisora de Unión Radio (entonces la única emisora en Valencia), en la calle Don Juan de Austria. (Arias, 1999). Entre amenazas y gritos entraron en locutorio donde se encontraba el pionero de las ondas en Valencia, Vicente Llopis Piquer, al que encañonaron obligándole a apartarse del aparato. En ese momento y en horario de máxima audiencia lanzaron una proclama en la que anunciaban que la revolución nacionalsindicalista había llegado: “Españoles, hemos triunfado en toda España. Hay tranquilidad. ¡Viva el fascio¡”(sic).

Este hecho produjo una enérgica reacción de la ciudadanía contra los elementos de derechas: ataques contra las sedes de la Falange en la calle del Mar y de la Derecha Regional Valenciana, así como a periódicos monárquicos como “La Voz Valenciana” y “Diario de Valencia” y destrozas en casinos derechistas1. Pero no solo esto. El atrevido golpe de mano de Falange puso sobre aviso a las autoridades republicanas y antes de los sucesos del 18 de julio, todos los miembros de la UME (Unión Militar Española) en Valencia fueron detenidos o estaban vigilados.

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Recorte de un periódico local del día 12 de julio de 1936.

 

 

Así pues, el asalto a Unión Radio enfadó mucho a los militares que urdían la sublevación y es considerado como un acto temerario más dentro de la chapuza que supuso el golpe de estado del 36. Y es que, como reconocen muchos de los protagonistas de aquellos días, como Joaquín Maldonado, activista de DRV: “Si no se hubiera producido el asalto a la radio, en Valencia, tengo la convicción de que el Movimiento habría triunfado. Y de haber triunfado aquí el Movimiento, se hubiese consolidado también la situación en Teruel y Albacete, con lo que no hubiera habido guerra” (Arias, 1999).

Nuestro protagonista, Francisco Alegre Alcañiz, dependiente de 20 años de edad, formaba parte de este grupo de falangistas que asaltó Unión Radio. Unos días más tarde del suceso fue detenido junto a otros compañeros y fue ejecutado en Paterna el 5 de septiembre de ese mismo año de 1936. En 1972 el Ayuntamiento franquista de Valencia le dedicó una calle en el Grupo del gobernador Rueda y  44 años después sigue allí ese rótulo, recordándonos lo que queremos olvidar.

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Vista parcial del Grupo Antonio Rueda desde la calle Carmen Tronchoni.

 

Para muchos de los que hemos nacido en democracia, Francisco Alegre es una víctima más de los cientos de miles que hubo, a ambos lados de las trincheras, en la fratricida Guerra Civil. Desde la perspectiva actual, el nomenclátor de nuestra ciudad no debería evocarnos eternamente viejas heridas, ya cicatrizadas en la mayor parte de la población.

Hoy, las calles del Grupo Antonio Rueda, así como el propio nombre del grupo residencial, están más en entredicho que nunca. Desde la concejalía de Cultura ya se han lanzado una serie de propuestas para el cambio de rótulos por otros más acordes y más respetuosos con nuestra historia colectiva.  Pasajes como el del asalto a Unión Radio merecen ser recordados en la literatura para no volver a tropezar en la misma piedra, pero de ningún modo pueden ser honrados y glorificados en nuestras calles.

 

  1. Las Provincias, 13 de Julio de 1936.

 

 

REFERENCIAS

ARIAS RAMÓN, Fernando (1999): “La Valencia de los años 30: entre el paraíso y el infierno”, Valencia, Carena Editors.

TABERNER PASTOR,  Francisco; LLOPIS ALONSO, Amando; ALCALDE BLANQUER, Cristina; MERLO FUERTES, José Luis y ROS PASTOR, Ana (2007): “Guía de arquitectura de Valencia”, Valencia, Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia.

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