VERNE, LABORDE E ILUSTRES FRANCESES EN VALENCIA

Julio Verne (Nantes, 1828-1905), el gran escritor francés de novelas de aventuras y viajes, no tuvo ninguna vinculación con Valencia. Ni tan siquiera con España, donde apenas paró en uno de sus viajes marítimos. Pero sus magníficos Viajes Extraordinarios dieron la vuelta al mundo, nunca mejor dicho, reconociendo al autor como uno de los mejores escritores de la historia.

La popularidad de sus novelas y la de los personajes que las protagonizan, no ha parado de crecer desde el momento de su creación hasta la actualidad, donde Verne sigue siendo uno de los escritores más traducidos del mundo. La fama del escritor francés repuntó, más si cabe, durante los años 50 y 60 del siglo XX, cuando muchas de sus novelas fueron llevadas a la gran pantalla. Fue así como en 1973, en un claro clima de aperturismo cultural en España y con la faceta revolucionaria del escritor francés más atemperada, el Ayuntamiento de Valencia propuso rotular una plaza con el nombre de Julio Verne, el primer escritor francés en nombrar una calle del Cap i Casal.

rotulo plaza julio verne
Rótulo de la plaza de Julio Verne en el valenciano barrio de l’Hort de Senabre.

LOS ANTECEDENTES DE VICTOR HUGO Y ZOLA

Julio Verne fue el primero en llegar a los rótulos, pero no fue el primer escritor francés propuesto para glorificar nuestro nomenclátor. Cuando el blasquismo llegó al poder, en los primeros años del siglo XX, una de sus primeras consignas fue la revolución urbana, la modernización de la ciudad. La apertura de nuevas calles y avenidas y la puesta en marcha de los servicios básicos de luz y agua, pero también la transformación del nomenclátor callejero. Sobraban nombres de santos y conventos y faltaban los de escritores y pensadores, padres de la revolución.

Así pues, el blasquismo, como más tarde hicieron otros regímenes políticos, tuvo la clara intención de hacer de las calles de Valencia un espacio público conmemorativo, en este caso del republicanismo. En 1902, coincidiendo con sus muertes, se proponen los nombres de los escritores Enrique Gaspar y Emilio Zola para rotular dos calles de la ciudad. El novelista francés Emilio Zola, que había muerto asesinado, es considerado el padre del Naturalismo, estilo literario que hizo de Blasco Ibáñez uno de sus mejores representantes en España.

A las propuestas de estos dos escritores no tardaron en seguirle otras muchas, todas ellas de marcado carácter ideológico. Políticos como José Mª Orense y Ruiz Zorrilla líderes del republicanismo español, pero también escritores, como el francés Víctor Hugo, al que el blasquismo le quiso dedicar la plaza que luego sería de Castelar y actualmente del Ayuntamiento. Víctor Hugo, considerado uno de los escritores más importantes en lengua francesa, fue una figura determinante del republicanismo francés y por lo tanto, su inclusión en nuestro callejero estaba de sobra justificado.

Finalmente, ninguno de los dos escritores franceses llegó a rotular ninguna calle, como si lo hicieron Ruiz Zorrilla y José Mª Orense durante la II República. En cualquier caso, siempre quedaran para la historia de la toponimia valentina y de aquella sociedad que los quiso homenajear.

LABORDE Y SU VIAJE PINTORESCO POR ESPAÑA

Como hemos dicho anteriormente, Julio Verne nunca piso tierras valencianas, pero su reconocimiento en nuestro callejero va mucho más allá de una simple vinculación física con la terreta. La vuelta al mundo en 80 días o 20.000 leguas de viaje submarino forman parte del imaginario colectivo valenciano casi tanto como Entre Naranjos.

Pero hubo otros viajeros franceses, escritores, fotógrafos y topógrafos, que sí recorrieron nuestras tierras y nos dejaron un legado fantástico. Escritos, grabados, mapas y vistas, indispensables hoy en día para reconstruir la Valencia de los siglos XVIII y XIX, su Reino, paisajes y ciudades.

El siglo XVIII marcó el inicio de lo que hoy se conoce como literatura de viajes, en la cual los franceses fueron los pioneros. A Valencia llegaron durante dicho siglo decenas de viajeros de diversas nacionalidades, la mayoría franceses e ingleses, que con sus relatos nos han dado una visión valiosísima de aquella Valencia de la ilustración.

Pero fue ya en el siglo XIX cuando se publicó la obra más fructífera y determinante escrita por un viajero francés en tierras valencianas. El primer tomo del Viaje pintoresco e histórico de España escrito por el erudito francés Alexandre de Laborde, estaba dedicado al Reino de Valencia y fue publicado en Madrid en 1806. En él, Laborde nos ofrece una extensa introducción histórica y una detallada situación geográfica y descriptiva del Reino de Valencia del siglo XIX. Laborde recorrió nuestras tierras entre 1798 y 1806 acompañado de una serie de dibujantes que recogieron en sus cuadernos unas estampas únicas de nuestros paisajes y ciudades. La plaza del Mercado, las Torres de Serranos y la Alameda, pero también ciudades como Alicante, Xàtiva o Sagunto y paisajes como Porta-coeli o el peñón de Ifach. Sin duda, un documento de un valor incalculable.

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Grabado de las torres y puerta de Serranos realizado para el Viaje Pintoresco de Alexandre de Laborde a principios del siglo XIX.

Vicente Boix ya propuso rotular una calle de Valencia con el nombre de Laborde a finales del siglo XIX, pero no fue hasta casi un siglo después cuando se oficializó. En 1976, casi a la par que a Verne, se le dedicó una recóndita vía en el barrio valenciano de la Torre.

 

GUESDON Y LAURENT

No podía acabar este artículo sobre viajeros franceses del siglo XIX sin nombrar a dos de los cuales nos legaron una documentación gráfica de nuestra ciudad imprescindible para el estudio e interpretación de Valencia y su evolución urbana. Ninguno de ellos ha sido reconocido en nuestro nomenclátor callejero, pero sus fotos y vistas aéreas son de sobra reconocibles para el gran público.

El primero de ellos, Alfred Guesdon (Nantes, 1808-1876) fue un arquitecto y grabador francés conocido por la serie de litografías que hizo de diversas ciudades europeas a mediados del siglo XIX para su publicación en la revista La Illustration. Sus grabados se caracterizaban por la perspectiva que utilizó, representando las ciudades a vista de pájaro de una manera increíblemente fidedigna. En España realizó 11 panorámicas tituladas L’Espagne à vol d’oiseau, de entre las cuales encontramos dos bellísimas imágenes de Valencia, una desde el puente de San José y otra tomada desde el puente del Mar realizadas en 1858. Se especula con que el secreto de tan fieles vistas aéreas fuese que estaban realizadas a partir de fotos tomadas desde globos.

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Valencia a vista de pájaro realizada por Alfred Guesdon en 1858.

Y por último no podemos olvidar al fotógrafo Jean Laurent (Borgoña, 1816 – Madrid, 1886), autor de la colección de fotografías más importante del siglo XIX en España. En 1870 Lauren envió a Valencia a uno de sus colaboradores, Jules Ainaud, que realizó más de sesenta fotografías que componen la serie gráfica más importante de la ciudad antes de 1900. Ainaud fotografió personajes típicos valencianos, monumentos y rincones de la ciudad ya desaparecidos que en la actualidad hacen las delicias de profesionales y aficionados en las redes sociales, donde los montajes de “el antes y después” deja cautivado a cualquier amante y curioso de nuestra ciudad.

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Vista del Miguelete firmada por J. Laurent en 1870.

 

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