RIPOLL, MÁRTIR Y HEREJE.

Cayetano Ripoll, maestro de escuela en la Ruzafa del primer cuarto del siglo XIX, fue procesado y condenado por hereje en 1826 y ostenta el triste honor de ser la última víctima de la Inquisición de la historia. El anacrónico ajusticiamiento al que fue sometido Ripoll, las acusaciones por las que fue procesado, el delirante final de sus días y sobre todo, la entereza y dignidad con las que el abnegado maestro aceptó su condena, hicieron de él y su causa todo un símbolo contra la intolerancia religiosa y en pro de la libertad de conciencia entre los grupos más progresistas de la Valencia decimonónica. Por eso, cuando republicanos y librepensadores accedieron a puestos de la administración del ayuntamiento de Valencia a finales del siglo XIX, uno de los primeros nombres en salir a la palestra para rotular una plaza fue el del maestro Ripoll.

Pero en Valencia, donde el intento de control de la toponimia urbana por parte de los distintos grupos de poder había ido in crescendo desde mediados de siglo, no iba a ser fácil poner el nombre de un personaje que representaba el papel de mártir o hereje según la ideología que le hacía referencia. De nuevo otro proceso, también polémico y con gran carga política se abría en la ciudad en el nombre del Mestre de Russafa, cuyos últimos coletazos se pegaron en 1980, casi un siglo y medio después de su muerte.

EL PROCESO RIPOLL

Antes de llegar a Valencia, el mestre Ripoll, catalán de nacimiento, estuvo cautivo en Francia después de la guerra contra Napoleón, donde tomó contacto con la doctrina deísta, la cual considera que Dios creador existe, pero niega la religión revelada. Ya en España obtuvo la plaza de maestro en Ruzafa, en una escuela del camino de Pinedo en la partida conocida como Perú. Allí pronto se ganó el cariño de los vecinos por su humildad y dedicación con los niños, pero llamó la atención de algún reaccionario que lo acusó de no oír misa los domingos, comer carne los viernes y de enseñar a los niños a saludar con un “Alabado sea Dios” en vez de con un “Ave María Purísima”, como era de precepto.

La Inquisición, que ya había sido prohibida por las Cortes de Cádiz (1810-1814) y de nuevo durante el Trienio Liberal (1820-1823) fue restablecida con el nombre de Junta de Fe por el ultramontano Arzobispo de Valencia Simón López, acusó a Ripoll de hereje y fue condenado a morir en la horca y a quemar su cuerpo. El maestro, al que se le reconoció buena conducta y no hacer proselitismo en la escuela, estuvo varios meses encarcelado en San Narciso (al final de la actual calle del Salvador) sin declarar ni tener defensor. Hasta que el 31 de julio de 1826 fue ahorcado en la plaza del Mercado y metido en una cuba de madera con las llamas pintadas simulando su cremación, tal vez reconociendo lo anacrónico del suceso, y finalmente arrojado al río.

La actuación de la Junta de Fe de Valencia provocó un gran escándalo internacional y desde Inglaterra y Francia llegaron agrias protestas contra el reinado de Fernando VII, cuyo mandato, entre 1823 y 1833, fue conocido como década ominosa no por casualidad. Las Juntas de Fe y por tanto la Inquisición fue abolida finalmente en 1834.

 

RIPOLL EN LA TOPONIMIA URBANA DE VALENCIA

La primera petición oficial para rotular una plaza con el nombre del Maestro Ripoll tuvo lugar en 1892. La demanda estuvo liderada en todo momento por el concejal republicano del Ayuntamiento de Valencia Aurelio Blasco Grajales, abogado, escritor y masón, ferviente defensor de los valores y las ideas progresistas. La plaza escogida por Blasco Grajales para homenajear a Ripoll fue la plaza Mayor de Ruzafa, por aquello de que el maestro había ejercido su magisterio en las huertas de dicho poblado.

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Ruzafa en el plano topográfico de Valencia de 1883. La plaza Mayor, el gran espacio central del caserío.

 

El expediente prosperó, pero el consistorio valenciano se lavó las manos y decidió que fuese el cronista y los directores de algunos periódicos de la ciudad los que se pronunciasen sobre la petición del concejal republicano. Los directores de los diarios la Correspondencia de Valencia y El Criterio, de clara tendencia conservadora, se pronunciaron en contra del cambio de nombre, alegando que Ripoll no era valenciano y que no se podía alterar injustificadamente la toponimia histórica de la ciudad. Del mismo modo, Teodoro Llorente, cronista de la ciudad, tampoco vio con buenos ojos el cambio de rotulación de la plaza Mayor de Russafa por el nombre del maestro, aduciendo que este homenaje podría “contrariar el sentimiento católico de la inmensa mayoría de valencianos”. A pesar de la opinión en contra de todos los agentes consultados, la moción fue aprobada, pero misteriosamente nunca se llevó a cabo la rotulación oficial.

En 1903, de nuevo los concejales progresistas del Ayuntamiento de Valencia volvieron a pedir que la plaza de Ruzafa cambiase de nombre, y de nuevo se creó una fuerte polémica entre partidarios y detractores del icónico maestro, pero esta vez entre los propios moradores del barrio. Dos facciones opuestas de vecinos remitieron sendas cartas al consistorio pidiendo, unos que se mantuviese el nombre de plaza de Ruzafa y otros el cambio por el del maestro Ripoll. En realidad los vecinos, mediatizados, se hicieron eco en sus escritos de las mismas argumentaciones usadas por el cronista y los diarios conservadores para justificar su oposición al cambio, al igual que los vecinos partidarios de Ripoll subscribieron lo expuesto por los políticos y medios liberales.

Por fin en 1906, ya con mayoría republicana en el Ayuntamiento y con el Alcalde, José Sanchis Bergón y el Secretario, Tomás Giménez Valdivieso claramente a favor de la causa Ripoll, la rotulación de la plaza con el nombre del maestro se llevó a cabo. El día de autos fue una fiesta del republicanismo valenciano, y junto a Ripoll se homenajeó con sendas calles a otros tantos ilustres políticos valencianos como Sorní y Guerrero. La comitiva, encabezada por el Alcalde y el Secretario se fue trasladando de calle en calle, descubriendo las placas de los homenajeados al son del himno de Riego. Además, con motivo de la rotulación de la plaza del maestro Ripoll, el Ayuntamiento publicó un opúsculo titulado “Homenaje a Ripoll” que contenía un par de artículos sobre la vida y muerte del maestro, con datos y fechas valiosísimos para poder reconstruir los hechos fehacientemente.

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Placa rotuladora de la plaza del Maestro Ripoll. lapidasrotuladorasenvalencia.blogspot.com

 

El primero de los artículos titulado “Un ahorcado en tiempos de Fernando VII por su opiniones religiosas” estaba extraído del libro “Estudios sobre elocuencia, política, jurisprudencia, historia y moral” del abogado y político Salustiano Olózaga. En él encontramos al detalle el proceso judicial que sufrió Ripoll y el contexto histórico en el que sucedió. En el segundo artículo, titulado “Ripoll” y firmado por Cazalla (seudónimo de Tomás Giménez Valdivieso) el autor se traslada a la misma huerta de Ruzafa para entrevistarse con los vecinos de la zona, algunos de los cuales habían convivido con el maestro (en el momento de la entrevista tan solo hacía 68 años de la muerte de Ripoll). Se trata por tanto de un documento único e imprescindible y que debería ser tomado como ejemplo a la hora de rotular una calle en la actualidad.

 

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Portada del opúsculo publicado para conmemorar la colocación de la lápida de la plaza del maestro Ripoll. AHMV

El nombre de plaza del maestro Ripoll fue oficial hasta el final de la Guerra Civil, pero no caló demasiado en la gente, que seguía refiriéndose a la plaza como Mayor o de Ruzafa. En la postguerra recuperó el nombre de plaza de Ruzafa hasta que en 1963 fue bautizada con el nombre de Barón de Cortes en honor a Pascual Frígola, presidente de Lo Rat Penat e ideólogo de la Batalla de Flores de la Feria de Julio.

La aventura de Cayetano Ripoll en el nomenclátor urbano de Valencia acabó en 1980 cuando su nombre fue reclamado de nuevo por asociaciones progresistas de maestros y trabajadores de la enseñanza y el ayuntamiento de Pérez Casado accedió a rotular una plaza con su nombre, pero esta vez ya no sería en Russafa. La bella placa que rotuló durante treinta años la plaza del maestro desapareció después de la guerra y Ripoll volvió al nomenclátor en una plaza de nueva planta al final de la Avenida de Blasco Ibáñez, cerca del barrio de Beteró.

 

 

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