LA REPÚBLICA DE LAS CALLES

Como hemos aseverado ya en artículos anteriores, la necesidad de los distintos regímenes políticos por controlar el espacio público conmemorativo, en especial las calles y sus rótulos desde mediados del siglo XIX provocó, en épocas convulsas, grandes cambios en el nomenclátor callejero. El paso de la dictadura de Primo de Rivera a la segunda República, pero sobre todo el inicio de la Guerra Civil fueron unos de esos episodios donde cientos de calles cambiaron de nombre al servicio de la nueva ideología dominante.

En la ciudad de Valencia, que fue republicana hasta el final de la contienda civil y que además acogió la capitalidad de la Republica durante 11 meses entre 1936 y 1937, el impacto de aquellos agitados años sobre el callejero fue un caso único en España, por la cantidad y por la singularidad de algunos de los nuevos topónimos. La toponimia del antiguo régimen, que honraba básicamente a la monarquía y a la iglesia, viró inexorablemente hacia los héroes y símbolos de la nueva nación republicana.

 

LA TOPONIMIA A PARTIR DEL 14 DE ABRIL

Las siguientes semanas una vez proclamada la República el 14 de abril de 1931 fueron relativamente tranquilas en cuanto a los cambios de nombres en las calles de la ciudad se refiere. Anecdóticas son las solicitudes presentadas en mayo de ese mismo año por los vecinos de la calle Marqués de Bellet, en la Raiosa, para rotular una calle del barrio con el nombre de Libertad Española y la de otro grupo de vecinos, esta vez de la plaza de la Merced que pedían que su comercial plaza no cambiase de nombre, ni por el propuesto de García Hernández, ni por ningún otro que pudiese confundir a la clientela.

Hay que recordar que Ángel García Hernández y Fermín Galán Rodríguez fueron los primeros mártires de la Segunda República y sus nombres estuvieron en todas las listas para formar el nuevo nomenclátor urbano de Valencia y de todas las ciudades de España. Ambos fueron capitanes del ejército español y estuvieron al frente de la sublevación que tuvo lugar en Jaca a finales de 1930 contra la monarquía de Alfonso XIII y a favor de la República. La sedición, paupérrima y mal organizada, apenas duró 2 días y ambos capitanes fueron fusilados en Huesca el 14 de diciembre de 1930, cuatro meses antes de ser proclamada la República, que pronto los erigió como héroes.

Pero en julio de 1931, solo tres meses después de proclamarse la República, se redactó por parte de la comisión de estadística el primer informe para “prescindir de la vía pública de todo aquello que haga referencia al pasado régimen político y a las personas de los borbones”. Así, a raíz de este documento se aprueban en noviembre los primeros y más sustanciales cambios oficiales en el nomenclátor: la avenida Victoria Eugenia pasa a 14 de Abril, Amalio Gimeno a Nicolás Salmerón, plaza de la Reina a Región Valenciana, Principe Alfonso a Ausias March, María Cristina a Pablo Iglesias y Marqués de Estella a plaza de la República, quedando otros nombres propuestos como Señera, García Hernández o Fermín Galán en el tintero.

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Avenida del 14 de Abril, hoy Reino de Valencia. Postal: http://www.todocoleccion.net

Aún así podríamos decir que los cambios en el callejero, en un primer momento no fueron excesivos y que la mayoría de ellos se centraron en borrar cualquier vestigio monárquico y en exaltar a personajes republicanos o de la tradición progresista y liberal valenciana y española. Uno de los más referenciados fue, como no, Vicente Blasco Ibáñez y sus obras. También las fechas conmemorativas del republicanismo y las ideas y conceptos asociados a este, como Libertad, Justicia, Ley, Igualdad, etc. fueron utilizados como topónimos en Valencia y en muchas de sus pedanías.

 

 

LA TOPONIMIA A PARTIR DEL 18 DE JULIO

La situación sin embargo cambió a partir del 18 de julio de 1936 una vez fracasada la sublevación militar en Valencia. El inicio de la Guerra Civil precipitó la alteración más violenta que ha sufrido el nomenclátor urbano de la ciudad en toda su historia, revertido posteriormente, eso sí, por el gobierno franquista en 1939. Las primeras y más virulentas modificaciones de los rótulos urbanos surgieron espontáneamente del pueblo, que encolerizado por la sublevación militar, se dedicó a romper todos aquellos azulejos que hacían referencia a la iglesia y la religión, y a sustituirlos por líderes antifascistas o los primeros mártires del conflicto.

Así, junto a las calles de conocidísimos personajes como Dolores Ibárruri “la Pasionaria”, Lenin o Máximo Gorki, se unieron otras de mártires anónimos del conflicto, como las de los milicianos Antonio Esteve, Manuel Sánchez, Juan Marco o Conrado Escrivá, que perdieron la vida en el frente luchando por la causa antifascista. También las naciones amigas como la URSS y Méjico tuvieron su calle en aquella Valencia capital de la República y la hermana región de Cataluña fue homenajeada, asimismo, rotulando la plaza de Cánovas como plaza de la Generalitat Catalana.

Multitudinaria fue la colocación de la placa en honor a Luis de Sirval en la calle de las Barcas, que pasó desde ese momento a denominarse con el nombre del periodista valenciano asesinado en Oviedo en 1934 cuando escribía un reportaje en el que implicaba a un teniente de la legión en el fusilamiento de una joven comunista. Luis de Sirval, seudónimo de Luis Higón y Rosell, se desplazó a Asturias a cubrir la fallida revolución de octubre de 1934 para el diario Mercantil Valenciano. Allí fue detenido al intentar informar sobre el fusilamiento de Aída Lafuente y los mismos que acabaron con la vida de aquella joven lo hicieron con la del periodista valenciano.

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Inauguración de la placa rotuladora de la calle del periodista Luis de Sirval (actualmente calle de las Barcas) el 27 de octubre de 1936. AHMV

La gran cantidad de calles que se fueron cambiando durante los tres años que duró la guerra transformó por completo la toponimia de barrios enteros. Así, por ejemplo, en noviembre de 1936 se cambiaron de una tacada los nombres de las calles San Ramón, Sogueros, Beneficencia y Santo Tomás por el de cuatro ilustres socialistas, como fueron Tomás Meabe, Francisco Sanchis Pascual, Ramón González Peña e Isidro Escandell Ubeda.

Como anécdota, por lo exótico del topónimo, queda la calle de la Tripulación del Komsomol, rotulada con dicho nombre en enero de 1937 como homenaje a los marineros soviéticos del carguero Komsomol hundido el 14 de diciembre de 1936 por la fragata del bando nacional “Canarias” y cuyos tripulantes fueron apresados y expatriados posteriormente a la URSS. El barco soviético ya había estado en Valencia anteriormente descargando comida y víveres y seguramente armamento para la República, con lo que su capitán y tripulación se hicieron muy famosos durante su estancia en la capital. Por eso, inmediatamente después de conocerse la noticia de su hundimiento y sin saber el paradero de la tripulación, se sucedieron numerosas muestras de agradecimiento y cariño del pueblo valenciano hacia los marineros rusos, para los cuales propusieron rotular una calle, la de San Fernando en este caso, en sentido recuerdo y homenaje.

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Cargero sovietico Komsomol, homenajeado con una calle en Valencia después de su hundimiento por parte del ejercito franquista.Imagen: Tiempo de Historia, septiembre 1977.

La vorágine toponímica hizo desaparecer por completo del callejero todos los nombres de santos que hasta entonces copaban la ciudad. Por ejemplo, plazas como las de Santa Mónica, San Agustín o San Luis Beltrán pasaron a llamarse Miliciano Rojo, 11 de Febrero y Derechos del Niño respectivamente. Pero esta fiebre de sustituir los rótulos de las calles llevó, en poco más de 8 meses, al caos administrativo. Nombres de calles repetidos, desconocidos y la mayoría sin haber sido aprobados oficialmente hacían que la correspondencia, los arbitrios municipales e incluso el servicio de incendios se resintiese en su actividad diaria. Por ello, en marzo de 1937, la comisión de estadística del Ayuntamiento, propuso la prohibición de cambiar la rotulación de las calles hasta el final de la guerra cuando se crearía un proyecto oficial para llevar a cabo de manera eficiente tal propósito.

Muy pocas calles se rotularon ya desde el verano del 37 hasta el final de la guerra. Y de nuevo, con la entrada de las tropas franquistas en Valencia en marzo del 39, el nomenclátor dio otro vuelco, pero esta vez en sentido contrario. Se revocaron directamente todos los nombres aprobados desde el 18 de julio de 1936 y se empezó a confeccionar el nuevo nomenclátor, que a grandes rasgos, es el que perdura actualmente.

LA REPÚBLICA DE LAS CALLES