EL PARTERRE Y LA TOPONIMIA OFICIAL

El Parterre es, sin duda, uno de los jardines más singulares y preciados del Cap i Casal. La céntrica localización, sus coquetos caminos, el imponente ficus y sobre todo, la estatua de Jaume I, hacen de este pequeño edén un rincón muy concurrido y popular entre los valencianos. Pero quizás, lo que no es tan conocido por el gran público es el nombre oficial de la plaza que lo alberga, cuyo nombre de Alfonso el Magnánimo ha sido relegado en el día a día de muchos vecinos y visitantes, que utilizan  Parterre para referirse a todo el conjunto, tanto al jardín como a la plaza.

En ocasiones, el nombre extraoficial de un lugar, más práctico y funcional que el oficial, suele prevalecer sobre las imposiciones políticas en el nomenclátor callejero. Más si cabe, como es el caso, cuando el nombre oficial ha ido sufriendo tantos cambios a lo largo de la historia que resulta imposible que la ciudadanía empatice con este o aquel topónimo. La plaza de Alfonso el Magnánimo, vulgo Parterre, es el paradigma de la instrumentalización de la toponimia urbana, cuyo resultado final ha sido la desafección del pueblo hacia la toponimia impuesta y el triunfo del apelativo popular, apolítico y fácilmente reconocible por cualquier habitante de la ciudad.

Breve historia del parterre

La voz francesa parterre, a veces pronunciada popularmente como panterre o panterri, hace referencia a un jardín de anchos paseos, jalonado de flores y césped. En Valencia empezó a popularizarse hacia 1860 cuando el arquitecto Sebastián Monleón la utilizó para definir su proyecto de ajardinamiento de la, entonces, plaza del Príncipe Alfonso. El planteamiento de Monleón fue el de crear un elegante parterre en dicha plaza, en el centro del cual levantar una fuente con un gran pedestal sobre el que situar una monumental estatua ecuestre de Jaume I.

Sin embargo, la idea primigenia de dotar a la ciudad de más y mejores zonas ajardinadas y en concreto en el margen derecho intramuros de la ciudad fue del Mariscal Suchet durante la dominación francesa de la ciudad. Para ello Suchet derribó una serie de manzanas adyacentes al edificio de la Aduana (hoy conocido como Palacio de Justicia) en la zona más baja, topográfica pero también socialmente hablando, de la ciudad. El espacio para una gran plaza ajardinada estaba dispuesto.

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Recorte del plano del Padre Tosca grabado por Josep fortea en 1738. En rojo las manzanas de casas derribadas por Suchet donde posteriormente se situaria el Parterre. (Nota: El edificio de la Aduana se empezó a construir en 1758 y por eso no está representado).

 

El gobierno efímero de Suchet no le permitió ver acabado su proyecto que continuó el General Elío con los jardines situados más cerca de Santo Domingo, conocidos posteriormente como Glorieta. Más al sur, el solar resultante del derribo de las casas que dio lugar al Parterre continuó vacío hasta 1852, cuando se plantaron unas hileras de árboles en su perímetro. Hasta entonces el solar tuvo varios usos, entre ellos la instalación de una plaza de toros provisional entre 1826 y 1833.

 

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Recorte del plano de Valencia de Francisco Ferrer de 1831 donde puede observarse el solar resultante del derribo de las casas iniciado por Suchet en 1812. En el centro del solar la plaza de toros provisional de forma octogonal y el edificio de la Aduana (entonces fábrica de cigarros) ya construido.

 

El proyecto de Parterre de Monleón se llevo a cabo a medias y se inauguró oficialmente en 1869 con pedestal, pero sin la estatua de Jaume I, que se instaló después de varios vaivenes en 1891 sobre el proyecto final dirigido por el mismo Teodoro Llorente.

El Parterre que ha llegado hasta nuestros días es fruto de varias actuaciones posteriores y remodelaciones llevadas a cabo a lo largo del siglo XX. La más importante fue la que se tuvo que efectuar después de la riada de 1957, donde el agua alcanzó 2.8 metros de altura en el jardín, que como ya hemos dicho, está situado en el punto más bajo de la ciudad.

 

Toponimia oficial del Parterre

Como hemos comentado anteriormente, el Parterre, como gran plaza cívica y punto de encuentro de muchos valencianos que es, no se libra del uso político que se ha hecho de su nombre oficial. Como en otros muchos rincones de la ciudad, las placas rotuladoras han durado lo mismo en las fachadas circundantes que el régimen político de turno en la poltrona, hasta que entraba el siguiente y las cambiaba.

Cuando en 1812 Suchet derriba las primeras casas para dar paso a una gran solar, este recibe el nombre de plaza de la Aduana por motivos prácticos y obvios al encontrarse el edificio de la Aduana contiguo al solar.

En 1840, durante la regencia de Espartero y el acceso al poder de los Progresistas, Valencia sufre el primer gran cambio en el nomenclátor callejero y la plaza de la Aduana pasa a llamarse oficialmente plaza de la Milicia Nacional, nombre que duró apenas 4 años y que rendía homenaje a las milicias cívico-militares que defendían el orden constitucional frente a los absolutistas.

Sin embargo, el nombre de Aduana seguía siendo el más utilizado debido a su mayor difusión y practicidad. Hasta 1857 cuando Isabel II dio a luz a su hijo Alfonso, futuro Alfonso XII y las autoridades monárquicas decidieron bautizar la plaza con el nombre de Príncipe Alfonso, en su honor.

Ya en esta época, con los proyectos de ajardinamiento propuestos por Monleón y posteriormente por Llorente, la palabra Parterre empieza a sonar con fuerza y arraigar en el imaginario colectivo de los valencianos, al tiempo que la agitada vida política de la época

La siguiente parada en este vaivén toponímico fue a raíz de la revolución de 1868, que trajo consigo nuevos cambios en el nomenclátor, siendo esta vez el nombre del político liberal Juan Álvarez Mendizábal el que acabó dando nombre a la plaza durante el Sexenio Democrático (1868-1874).

En 1875 Alfonso XII es proclamado rey y la plaza recupera el antiguo nombre de Príncipe Alfonso, aunque ya es conocida popular y generalmente como Parterre. Ambos nombres, el oficial de Príncipe Alfonso y el popular de Parterre alternan en documentos, planos y escritos en la Valencia de entre siglos, hasta 1918, cuando el partido republicano de Blasco Ibáñez decide homenajear al presidente de los Estados Unidos Thomas Woodrow Wilson por su decisivo papel durante la I Guerra Mundial. Wilson, que impulsó la creación de la Sociedad de Naciones y fue galardonado con el premio nobel de la Paz, dio nombre a la plaza entre 1918 y 1923, justo hasta la vuelta del conservadurismo al Ayuntamiento de la ciudad, que devolvió a la plaza su primitivo nombre.

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Postal del Parterre de 1921. En la parte superior el nombre de la plaza: plaza de Wilson. (Fuente: postalesdevalencia.blogspot.com)

 

El nombre comodín de Príncipe Alfonso retomó de nuevo la plaza hasta 1931, que con el advenimiento de la 2ª República paso a llamarse, plaza de Ausias March en honor del ilustre poeta valenciano. Fue en esta época cuando más se valencianizó el callejero de la ciudad y de hecho el primer nombre propuesto para esta plaza fue el de plaza de Valencia, denominación que finalmente acabó sustituyendo al rótulo de la plaza de la Reina, que pasó a llamarse Plaza de la Región Valenciana.

Finalmente y como colofón a toda este baile de nombres, la entrada de las tropas de Franco en Valencia en 1939 supuso otro gran cambio en el nomenclátor callejero y el Parterre pasó a denominarse desde entonces y hasta ahora, plaza de Alfonso el Magnánimo, Rey de Valencia (1416-1456) bajo cuyo reinado se produjo el periodo más importante del humanismo valentino. Lo curioso del caso es que el franquismo, que restituyo todos los nombres anteriores a la república dando por buenos la mayoría de topónimos existentes durante la dictadura de Primo de Rivera, no lo hizo con el de Príncipe Alfonso, y jugando al despiste utilizó el nombre de otro rey llamado Alfonso, pero esta vez de la casa de Aragón, con la cual el nuevo régimen no tenía ninguna desavenencia. Seguramente  la mala relación entre Alfonso XIII y el Dictador al acabar la contienda civil tuvieron mucho que ver en esta decisión.

El topónimo de la plaza de Alfonso el Magnánimo ha llegado hasta nuestros días no sin algún que otro intento de cambio, como la propuesta unánime en denominar a la plaza con el nombre del titular de la estatua que la preside: Jaume I.  Pero en Valencia, donde ninguna estatua está en la plaza homónima, no hubiese tenido gracia. Ahora, Jaume I está en la plaza que lleva el nombre de un descendiente suyo y que todo el mundo conoce como Parterre.

 

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