Landerer no es un oficio

A pesar de la gran criba de topónimos históricos que se realizó durante la segunda mitad del siglo XIX en Valencia, muchos de aquellos apelativos, casi el 50%, siguen rotulando las calles y plazas de Ciutat Vella. Dentro de este particular nomenclátor primario destaca por encima de otros un conjunto de calles cuyos rótulos hacen referencia a los oficios de la Valencia preindustrial. Las profesiones de aluder, cadirer o aladrer, entre otras, aunque ya desaparecidas, siguen estando representadas en las calles de la ciudad como un pequeño homenaje a aquella urbe gremial que rebosaba actividad comercial por todos sus barrios.

Dentro de este singular grupo de topónimos a veces se nos cuela por mimetismo el nombre de la calle Landerer, pensando que se trata de un oficio medieval, cuando realmente es el apellido del insigne astrónomo José Landerer. Este hecho ya lo advirtieron los responsables de estadística del Ayuntamiento de Valencia en 1914, cuando aconsejaron rotular la calle como Astrónomo Landerer para evitar confusiones, pero la propuesta cayó en saco roto. Ahora con el sucinto rótulo es difícil intuir si se trata de un desconocido personaje o de una profesión antigua como tantas otras que jalonan la ciudad. Así de caprichoso es nuestro nomenclátor.

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Don José Joaquín Landerer Climent. Astrónomo Español. Archivo: http://www.conec.es

 

El astrónomo autodidacta

Lo bien cierto es que José Joaquín Landerer Climent (Valencia, 1841 – Tortosa, 1922) es uno de esos ilustres personajes valencianos cuya obra y reconocimientos contrasta con la ignorancia más absoluta que de su persona tiene la gran mayoría de ciudadanos. Y, porque no decirlo, su calle tampoco ayuda a resolver el entuerto.

De padre suizo y madre valenciana, Landerer no estudió ninguna carrera universitaria, pero se graduó de bachiller en ciencias, doctrina en la que empezó a destacar desde muy joven. Autodidacta y con unos dotes para las matemáticas y el cálculo fuera de lo normal, pronto publicó decenas de trabajos científicos en revistas francesas especializadas.

La posición acomodada de la familia de su mujer, naturales de Tortosa, le hizo poder dedicarse en cuerpo y alma al estudio e investigación en las distintas ramas de la ciencia que abarcó. Realizó investigaciones en geología y paleontología, hizo excelentes estudios cartográficos y publicó en 1884 el primer tratado de España en mineralogía microscópica.

Sin embargo fue en astronomía donde cosechó sus mayores logros. Observó y analizó con gran precisión el movimiento de los satélites de Júpiter, así como la composición de la Luna y las manchas solares. Determinó la luz polarizada en la atmosfera coronal del Sol y fue pionero en España en la investigación de las corrientes telúricas. De todo ello escribió múltiples trabajos presentados en la Academia de Ciencias de Paris.

Era un apasionado en la predicción y observación de eclipses, participando activamente en los ocurridos en 1900, 1905 y 1912. Los resultados de sus observaciones y la precisión de sus resultados le granjearon numerosos elogios y distinciones a nivel nacional e internacional. En 1900 la Reina de España le concedió la Gran Cruz del Mérito Naval y la Real Academia de Ciencias de Madrid le nombró miembro correspondiente en Valencia. En 1901 la Sociedad Astronómica de Francia le otorgó el premio Janssen, la mayor distinción que se puede lograr a todo un trabajo sobre astronomía.

La polémica Teoría de la Evolución de Darwin que tantos debates acalorados suscitó en la comunidad científica de finales del siglo XIX y principios del XX también salpicó a Landerer. Este, de profundas convicciones católicas empezó teniendo una oposición frontal contra las tesis transformistas, pero a lo largo de su carrera su postura se fue moderando y finalmente acabó, en parte, aceptándolas. Podemos decir que en el tema del evolucionismo Landerer llegó tan lejos como le permitió su religiosidad.

El genial y polifacético científico murió en Tortosa en 1922, donde fue nombrado hijo adoptivo y donde legó gran parte de sus bienes y archivos, conservados hoy en el Observatorio del Ebro que él mismo ayudó a instaurar.

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Postal del Observatorio del Ebro de diciembre de 1920. http://www.todocoleccion.net

 

Landerer y su calle en Valencia

Después de su boda con doña Dolores de Córdoba y Valverde, Landerer vivió a caballo entre sus dos ciudades predilectas: Valencia y Tortosa. En la ciudad del Turia, donde había nacido, era adorado por sus amigos y conciudadanos, no solo por su eminencia científica, sino por la amabilidad y el trato afable que brindaba a todo el mundo.

En 1914, cuando Landerer ya era considerado uno de los científicos más conocidos del continente, la Societat d’Amadors de les Glories Valencianes “Lo Rat Penat” en sesión celebrada el 6 de julio decidió elevar una propuesta al Ayuntamiento para que una calle de la ciudad llevase el nombre de Landerer con la intención de “honrar a uno de los hijos más preclaros que en los estudios astronómicos tan alto ha puesto el nombre de Valencia”.

El Ayuntamiento pasó la petición a informe del Cronista de la ciudad y este propuso la calle Valldigna como candidata al cambio de nombre. Primero porque cerca se encontraba la calle del Portal homónimo y resultaba reiterativo, y segundo porque Landerer tenía su casa en el número uno de la plaza del Conde de Buñol esquina con la susodicha calle de la Valldigna.

La Comisión de Estadística aceptó el informe del Cronista y lo propuso al Ayuntamiento, que con fecha de 30 de noviembre de 1914 aprobó rotular la calle de Valldigna con el nombre de Doctor Landerer. Pero el 21 de diciembre de ese mismo año, a propuesta de un concejal se acordó cambiar Doctor por Astrónomo y así ser más específicos en la nomenclatura. Sin embargo el encargado de la rotulación, tal vez con un celo excesivo a la hora de abaratar costes dejó finalmente el rótulo con un escueto: Calle de Landerer.

Hoy, una hipotética placa de la calle del astrónomo Landerer nos facilitaría el reconocimiento y el recuerdo de este sabio valenciano que tanto engrandeció a la ciudad que lo vio nacer. Sin embargo, su apellido languidece sobre un rótulo incompleto que a veces confundimos con un viejo oficio, el de landerer.

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Rótulo de la calle de Landerer.
Landerer no es un oficio

JOAQUÍM MANUEL FOS, L’ESPIA DEL MOARÉ

Molts, per no dir la majoria dels rètols i plaques dels carrers de València no ajuden a comptar la ciutat. La vaguetat dels seus rètols impedix que fluïsca el discurs històric, per un altre costat tan ric i variat, de la nostra memòria urbana. Els noms de carrers i places s’han preferit curts i de fàcil lectura per damunt de qualsevol altra consideració, tant per part de l’administració com per part dels veïns, la qual cosa en molts casos ha acabat desvirtuant una part fonamental de la toponímia urbana: el reconeixement del personatge i per tant les seues obres i els valors que volen ser transmesos a la societat.

És a dir, economitzar les lletres que contenia el rètol era una de les premisses, i no sols per a ajudar a la seua lectura sinó també per a estalviar en costos, ja que el preu de la placa depenia en gran manera del nombre de caràcters. Així ho testifica un pressupost de principis del segle XX de la famosa Ferreteria “La Campana” dirigit a l’Ajuntament on advertix: “Quan continga més de sis lletres, haurà d’augmentar-se la grandària de la placa i per consegüent el preu”.

Per tant el nostre protagonista de hui tenia totes les de perdre quan en 1872 el cronista de la ciutat, Vicent Boix, va decidir canviar diversos noms de carrers del centre històric, entre ells el de Boninfant, i va proposar dedicar-se’l a l’industrial seder Joaquín Manuel Fos, immortaliltzat en el rètol del carrers amb un concís: Carrer Fos.

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Retrat de Joaquim Manuel Fos custodiat al col•legi d’Art Major de la Seda.

ESPIONATGE INDUSTRIAL EN EL SEGLE XVIII

Ni el breu rètol ni el recòndit carrer del barri del Carme amb entrada per la plaça homònima, fan justícia a la peculiar i intensa vida del seu titular, el popular industrial valencià Joaquín Manuel Fos (València, 1730-1789) , protagonista d’una de les històries més increïbles i rocambolesques de tot el segle XVIII valentí.

Fos va nàixer en el mateix barri de Velluters, en el si d’una humil família dedicada, com no podia ser d’una altra manera en aquella època, a la fabricació de sedes. El seu esperit emprenedor ja despuntava abans d’esposar-se amb la filla d’un important comercial seder valencià, però va ser llavors quan per fi es va aventurar a emprendre una empresa que portava anys rondant-li el cap.

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Palau de Fos, situat  al carrer d’En Bany numero 36 del barri de Velluters. Desaparegut en l’actualitat. Arxiu: J.L. Corbín Ferrer.

 

Segons els seus biògrafs, Fos estava obsessionat amb la tècnica usada a Europa per a conferir a les sedes un dibuix en forma d’ones d’aigua coneguda com a moaré. El seu interés per esta i unes altres tècniques li va portar a organitzar un viatge per tot el continent per a conéixer i importar els avanços industrials en esta matèria i així ajudar a promocionar i impulsar l’Art Major de la Seda en la seua ciutat natal. Però la seua expedició no transcorreria per llits normals.

Per a poder accedir a les noves tècniques usades en els tallers i fàbriques europees, Fos va pensar que hauria de fer-ho d’incògnit i per a això va fingir la seua pròpia mort i un canvi d’identitat. Un bon dia de març de 1752, avisats tan sols la seua dona i el seu confessor de tan atrevida estratègia, el nostre protagonista va partir cap a Gandia, i a l’altura de la Devesa del Saler va matar al seu cavall i va arruixar l’escena amb sang de gall, simulant el seu propi assassinat. Allí mateix es va canviar de roba i amb un passaport fals a nom d’un cert José del Castillo va partir amb vaixell cap a Barcelona, des d’on va donar el bot a Paris i a la resta del continent.

A França va treballar com a empleat i criat en algunes de les fàbriques de teles més importants del país, sobretot de París i Lió, on va prendre bona nota de les tècniques utilitzades. Després de quatre anys va tornar triomfant a València, i va implantar amb tal èxit les noves tècniques, que Ferran VI li va atorgar la franquícia de fabricació de moarés i el títol de Premsador de la Real Casa.

 

UN IL·LUSTRAT POLIFACÈTIC

Però les gestes de l’ínclit Fos no van quedar ací, i a pesar del seu èxit va continuar viatjant per tot el món amb la intenció d’aprendre totes les tècniques usades en l’estranger. Disfressat de pelegrí va recórrer Itàlia, Alemanya, Holanda, va arribar fins a Damasc i Constantinoble i inclús el comerç amb ultramar li va portar a Cuba.

Ja a València va contribuir a la fundació de les Escoles Pies en la ciutat i una de les campanes de l’església va ser batejada “Joaquím” en el seu honor. La seua fama anava en augment i el seu bon quefer va ser reconegut en 1776 al ser anomenat vocal de la Real Junta de Comerç i Inspector General de les Fàbriques de Seda de València, la qual cosa va suposar una espenta enorme per a l’art major de la seda, degut en gran part a la rígida normativa que va imposar per a evitar teles mal teixides. Per tot això, Carles III li va concedir el títol de Marqués de Sant Joaquim i va ingresar a la Real Societat Econòmica d’Amics del País.

En 1777 va ser anomenat Alcalde de Barri, des d’on va impulsar la creació d’un cos de Vigilants Nocturns. Aprofitant la quantitat d’hòmens desocupats a causa del reial decret que va abolir la fabricació de focs d’artifici en el Regne, Fos va proposar la creació d’este cos, conegut popularment com Serenos, a imatge i semblança d’altres ciutats europees. El seu èxit va ser tal, que la idea va ser prompte exportada a Madrid i Barcelona. També va impulsar l’enllumenat públic, va instal·lar una fàbrica de tisores per als draps d’Alcoi, va escriure un manual per a la fabricació de moarés i inclús es va atrevir a proposar la desviació del  riu Túria per a poder construir un gran port en la seua desembocadura.

 

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Cos de Vigilants Nocturns de València coneguts com “Serenos”. Arxiu: valenciablancoynegro.blogspot.com

 

Joaquín Manuel Fos, autèntic eminent de la València del segle díhuit, va morir en 1789 i va ser inhumat en el mateix barri que li va veure nàixer, en la seua estimada església del Pilar. La seua mort, com la seua vida, no va estar exempta de mites i llegendes i algunes biografies asseguren que va morir a causa de la gran quantitat de gelats que ingeria diàriament, tant a l’estiu com a l’hivern. Este gran personatge valencià, inclús en la seua mort, ens va deixar un buit per a l’anècdota. El seu bell palau del carrer d’En Bany, en ple barri de Velluters, va desaparéixer amb la piqueta del desenvolupisme del segle XX, però el seu record perdurarà en la fràgil memòria dels seus conciutadans en l’acabat de restaurar Col·legi de l’Art Major de la Seda i en aquell carreronet del barri del Carme de rètol breu i concís, el carrer Fos, al que caldria afegir: L’espia il·lustrat.

 

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Església del Pilar, en l’actualitat, on està soterrat Joaquím Manuel Fos.
JOAQUÍM MANUEL FOS, L’ESPIA DEL MOARÉ

RIPOLL, MÁRTIR Y HEREJE.

Cayetano Ripoll, maestro de escuela en la Ruzafa del primer cuarto del siglo XIX, fue procesado y condenado por hereje en 1826 y ostenta el triste honor de ser la última víctima de la Inquisición de la historia. El anacrónico ajusticiamiento al que fue sometido Ripoll, las acusaciones por las que fue procesado, el delirante final de sus días y sobre todo, la entereza y dignidad con las que el abnegado maestro aceptó su condena, hicieron de él y su causa todo un símbolo contra la intolerancia religiosa y en pro de la libertad de conciencia entre los grupos más progresistas de la Valencia decimonónica. Por eso, cuando republicanos y librepensadores accedieron a puestos de la administración del ayuntamiento de Valencia a finales del siglo XIX, uno de los primeros nombres en salir a la palestra para rotular una plaza fue el del maestro Ripoll.

Pero en Valencia, donde el intento de control de la toponimia urbana por parte de los distintos grupos de poder había ido in crescendo desde mediados de siglo, no iba a ser fácil poner el nombre de un personaje que representaba el papel de mártir o hereje según la ideología que le hacía referencia. De nuevo otro proceso, también polémico y con gran carga política se abría en la ciudad en el nombre del Mestre de Russafa, cuyos últimos coletazos se pegaron en 1980, casi un siglo y medio después de su muerte.

EL PROCESO RIPOLL

Antes de llegar a Valencia, el mestre Ripoll, catalán de nacimiento, estuvo cautivo en Francia después de la guerra contra Napoleón, donde tomó contacto con la doctrina deísta, la cual considera que Dios creador existe, pero niega la religión revelada. Ya en España obtuvo la plaza de maestro en Ruzafa, en una escuela del camino de Pinedo en la partida conocida como Perú. Allí pronto se ganó el cariño de los vecinos por su humildad y dedicación con los niños, pero llamó la atención de algún reaccionario que lo acusó de no oír misa los domingos, comer carne los viernes y de enseñar a los niños a saludar con un “Alabado sea Dios” en vez de con un “Ave María Purísima”, como era de precepto.

La Inquisición, que ya había sido prohibida por las Cortes de Cádiz (1810-1814) y de nuevo durante el Trienio Liberal (1820-1823) fue restablecida con el nombre de Junta de Fe por el ultramontano Arzobispo de Valencia Simón López, acusó a Ripoll de hereje y fue condenado a morir en la horca y a quemar su cuerpo. El maestro, al que se le reconoció buena conducta y no hacer proselitismo en la escuela, estuvo varios meses encarcelado en San Narciso (al final de la actual calle del Salvador) sin declarar ni tener defensor. Hasta que el 31 de julio de 1826 fue ahorcado en la plaza del Mercado y metido en una cuba de madera con las llamas pintadas simulando su cremación, tal vez reconociendo lo anacrónico del suceso, y finalmente arrojado al río.

La actuación de la Junta de Fe de Valencia provocó un gran escándalo internacional y desde Inglaterra y Francia llegaron agrias protestas contra el reinado de Fernando VII, cuyo mandato, entre 1823 y 1833, fue conocido como década ominosa no por casualidad. Las Juntas de Fe y por tanto la Inquisición fue abolida finalmente en 1834.

 

RIPOLL EN LA TOPONIMIA URBANA DE VALENCIA

La primera petición oficial para rotular una plaza con el nombre del Maestro Ripoll tuvo lugar en 1892. La demanda estuvo liderada en todo momento por el concejal republicano del Ayuntamiento de Valencia Aurelio Blasco Grajales, abogado, escritor y masón, ferviente defensor de los valores y las ideas progresistas. La plaza escogida por Blasco Grajales para homenajear a Ripoll fue la plaza Mayor de Ruzafa, por aquello de que el maestro había ejercido su magisterio en las huertas de dicho poblado.

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Ruzafa en el plano topográfico de Valencia de 1883. La plaza Mayor, el gran espacio central del caserío.

 

El expediente prosperó, pero el consistorio valenciano se lavó las manos y decidió que fuese el cronista y los directores de algunos periódicos de la ciudad los que se pronunciasen sobre la petición del concejal republicano. Los directores de los diarios la Correspondencia de Valencia y El Criterio, de clara tendencia conservadora, se pronunciaron en contra del cambio de nombre, alegando que Ripoll no era valenciano y que no se podía alterar injustificadamente la toponimia histórica de la ciudad. Del mismo modo, Teodoro Llorente, cronista de la ciudad, tampoco vio con buenos ojos el cambio de rotulación de la plaza Mayor de Russafa por el nombre del maestro, aduciendo que este homenaje podría “contrariar el sentimiento católico de la inmensa mayoría de valencianos”. A pesar de la opinión en contra de todos los agentes consultados, la moción fue aprobada, pero misteriosamente nunca se llevó a cabo la rotulación oficial.

En 1903, de nuevo los concejales progresistas del Ayuntamiento de Valencia volvieron a pedir que la plaza de Ruzafa cambiase de nombre, y de nuevo se creó una fuerte polémica entre partidarios y detractores del icónico maestro, pero esta vez entre los propios moradores del barrio. Dos facciones opuestas de vecinos remitieron sendas cartas al consistorio pidiendo, unos que se mantuviese el nombre de plaza de Ruzafa y otros el cambio por el del maestro Ripoll. En realidad los vecinos, mediatizados, se hicieron eco en sus escritos de las mismas argumentaciones usadas por el cronista y los diarios conservadores para justificar su oposición al cambio, al igual que los vecinos partidarios de Ripoll subscribieron lo expuesto por los políticos y medios liberales.

Por fin en 1906, ya con mayoría republicana en el Ayuntamiento y con el Alcalde, José Sanchis Bergón y el Secretario, Tomás Giménez Valdivieso claramente a favor de la causa Ripoll, la rotulación de la plaza con el nombre del maestro se llevó a cabo. El día de autos fue una fiesta del republicanismo valenciano, y junto a Ripoll se homenajeó con sendas calles a otros tantos ilustres políticos valencianos como Sorní y Guerrero. La comitiva, encabezada por el Alcalde y el Secretario se fue trasladando de calle en calle, descubriendo las placas de los homenajeados al son del himno de Riego. Además, con motivo de la rotulación de la plaza del maestro Ripoll, el Ayuntamiento publicó un opúsculo titulado “Homenaje a Ripoll” que contenía un par de artículos sobre la vida y muerte del maestro, con datos y fechas valiosísimos para poder reconstruir los hechos fehacientemente.

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Placa rotuladora de la plaza del Maestro Ripoll. lapidasrotuladorasenvalencia.blogspot.com

 

El primero de los artículos titulado “Un ahorcado en tiempos de Fernando VII por su opiniones religiosas” estaba extraído del libro “Estudios sobre elocuencia, política, jurisprudencia, historia y moral” del abogado y político Salustiano Olózaga. En él encontramos al detalle el proceso judicial que sufrió Ripoll y el contexto histórico en el que sucedió. En el segundo artículo, titulado “Ripoll” y firmado por Cazalla (seudónimo de Tomás Giménez Valdivieso) el autor se traslada a la misma huerta de Ruzafa para entrevistarse con los vecinos de la zona, algunos de los cuales habían convivido con el maestro (en el momento de la entrevista tan solo hacía 68 años de la muerte de Ripoll). Se trata por tanto de un documento único e imprescindible y que debería ser tomado como ejemplo a la hora de rotular una calle en la actualidad.

 

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Portada del opúsculo publicado para conmemorar la colocación de la lápida de la plaza del maestro Ripoll. AHMV

El nombre de plaza del maestro Ripoll fue oficial hasta el final de la Guerra Civil, pero no caló demasiado en la gente, que seguía refiriéndose a la plaza como Mayor o de Ruzafa. En la postguerra recuperó el nombre de plaza de Ruzafa hasta que en 1963 fue bautizada con el nombre de Barón de Cortes en honor a Pascual Frígola, presidente de Lo Rat Penat e ideólogo de la Batalla de Flores de la Feria de Julio.

La aventura de Cayetano Ripoll en el nomenclátor urbano de Valencia acabó en 1980 cuando su nombre fue reclamado de nuevo por asociaciones progresistas de maestros y trabajadores de la enseñanza y el ayuntamiento de Pérez Casado accedió a rotular una plaza con su nombre, pero esta vez ya no sería en Russafa. La bella placa que rotuló durante treinta años la plaza del maestro desapareció después de la guerra y Ripoll volvió al nomenclátor en una plaza de nueva planta al final de la Avenida de Blasco Ibáñez, cerca del barrio de Beteró.

 

 

RIPOLL, MÁRTIR Y HEREJE.

EL PARTERRE Y LA TOPONIMIA OFICIAL

El Parterre es, sin duda, uno de los jardines más singulares y preciados del Cap i Casal. La céntrica localización, sus coquetos caminos, el imponente ficus y sobre todo, la estatua de Jaume I, hacen de este pequeño edén un rincón muy concurrido y popular entre los valencianos. Pero quizás, lo que no es tan conocido por el gran público es el nombre oficial de la plaza que lo alberga, cuyo nombre de Alfonso el Magnánimo ha sido relegado en el día a día de muchos vecinos y visitantes, que utilizan  Parterre para referirse a todo el conjunto, tanto al jardín como a la plaza.

En ocasiones, el nombre extraoficial de un lugar, más práctico y funcional que el oficial, suele prevalecer sobre las imposiciones políticas en el nomenclátor callejero. Más si cabe, como es el caso, cuando el nombre oficial ha ido sufriendo tantos cambios a lo largo de la historia que resulta imposible que la ciudadanía empatice con este o aquel topónimo. La plaza de Alfonso el Magnánimo, vulgo Parterre, es el paradigma de la instrumentalización de la toponimia urbana, cuyo resultado final ha sido la desafección del pueblo hacia la toponimia impuesta y el triunfo del apelativo popular, apolítico y fácilmente reconocible por cualquier habitante de la ciudad.

Breve historia del parterre

La voz francesa parterre, a veces pronunciada popularmente como panterre o panterri, hace referencia a un jardín de anchos paseos, jalonado de flores y césped. En Valencia empezó a popularizarse hacia 1860 cuando el arquitecto Sebastián Monleón la utilizó para definir su proyecto de ajardinamiento de la, entonces, plaza del Príncipe Alfonso. El planteamiento de Monleón fue el de crear un elegante parterre en dicha plaza, en el centro del cual levantar una fuente con un gran pedestal sobre el que situar una monumental estatua ecuestre de Jaume I.

Sin embargo, la idea primigenia de dotar a la ciudad de más y mejores zonas ajardinadas y en concreto en el margen derecho intramuros de la ciudad fue del Mariscal Suchet durante la dominación francesa de la ciudad. Para ello Suchet derribó una serie de manzanas adyacentes al edificio de la Aduana (hoy conocido como Palacio de Justicia) en la zona más baja, topográfica pero también socialmente hablando, de la ciudad. El espacio para una gran plaza ajardinada estaba dispuesto.

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Recorte del plano del Padre Tosca grabado por Josep fortea en 1738. En rojo las manzanas de casas derribadas por Suchet donde posteriormente se situaria el Parterre. (Nota: El edificio de la Aduana se empezó a construir en 1758 y por eso no está representado).

 

El gobierno efímero de Suchet no le permitió ver acabado su proyecto que continuó el General Elío con los jardines situados más cerca de Santo Domingo, conocidos posteriormente como Glorieta. Más al sur, el solar resultante del derribo de las casas que dio lugar al Parterre continuó vacío hasta 1852, cuando se plantaron unas hileras de árboles en su perímetro. Hasta entonces el solar tuvo varios usos, entre ellos la instalación de una plaza de toros provisional entre 1826 y 1833.

 

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Recorte del plano de Valencia de Francisco Ferrer de 1831 donde puede observarse el solar resultante del derribo de las casas iniciado por Suchet en 1812. En el centro del solar la plaza de toros provisional de forma octogonal y el edificio de la Aduana (entonces fábrica de cigarros) ya construido.

 

El proyecto de Parterre de Monleón se llevo a cabo a medias y se inauguró oficialmente en 1869 con pedestal, pero sin la estatua de Jaume I, que se instaló después de varios vaivenes en 1891 sobre el proyecto final dirigido por el mismo Teodoro Llorente.

El Parterre que ha llegado hasta nuestros días es fruto de varias actuaciones posteriores y remodelaciones llevadas a cabo a lo largo del siglo XX. La más importante fue la que se tuvo que efectuar después de la riada de 1957, donde el agua alcanzó 2.8 metros de altura en el jardín, que como ya hemos dicho, está situado en el punto más bajo de la ciudad.

 

Toponimia oficial del Parterre

Como hemos comentado anteriormente, el Parterre, como gran plaza cívica y punto de encuentro de muchos valencianos que es, no se libra del uso político que se ha hecho de su nombre oficial. Como en otros muchos rincones de la ciudad, las placas rotuladoras han durado lo mismo en las fachadas circundantes que el régimen político de turno en la poltrona, hasta que entraba el siguiente y las cambiaba.

Cuando en 1812 Suchet derriba las primeras casas para dar paso a una gran solar, este recibe el nombre de plaza de la Aduana por motivos prácticos y obvios al encontrarse el edificio de la Aduana contiguo al solar.

En 1840, durante la regencia de Espartero y el acceso al poder de los Progresistas, Valencia sufre el primer gran cambio en el nomenclátor callejero y la plaza de la Aduana pasa a llamarse oficialmente plaza de la Milicia Nacional, nombre que duró apenas 4 años y que rendía homenaje a las milicias cívico-militares que defendían el orden constitucional frente a los absolutistas.

Sin embargo, el nombre de Aduana seguía siendo el más utilizado debido a su mayor difusión y practicidad. Hasta 1857 cuando Isabel II dio a luz a su hijo Alfonso, futuro Alfonso XII y las autoridades monárquicas decidieron bautizar la plaza con el nombre de Príncipe Alfonso, en su honor.

Ya en esta época, con los proyectos de ajardinamiento propuestos por Monleón y posteriormente por Llorente, la palabra Parterre empieza a sonar con fuerza y arraigar en el imaginario colectivo de los valencianos, al tiempo que la agitada vida política de la época

La siguiente parada en este vaivén toponímico fue a raíz de la revolución de 1868, que trajo consigo nuevos cambios en el nomenclátor, siendo esta vez el nombre del político liberal Juan Álvarez Mendizábal el que acabó dando nombre a la plaza durante el Sexenio Democrático (1868-1874).

En 1875 Alfonso XII es proclamado rey y la plaza recupera el antiguo nombre de Príncipe Alfonso, aunque ya es conocida popular y generalmente como Parterre. Ambos nombres, el oficial de Príncipe Alfonso y el popular de Parterre alternan en documentos, planos y escritos en la Valencia de entre siglos, hasta 1918, cuando el partido republicano de Blasco Ibáñez decide homenajear al presidente de los Estados Unidos Thomas Woodrow Wilson por su decisivo papel durante la I Guerra Mundial. Wilson, que impulsó la creación de la Sociedad de Naciones y fue galardonado con el premio nobel de la Paz, dio nombre a la plaza entre 1918 y 1923, justo hasta la vuelta del conservadurismo al Ayuntamiento de la ciudad, que devolvió a la plaza su primitivo nombre.

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Postal del Parterre de 1921. En la parte superior el nombre de la plaza: plaza de Wilson. (Fuente: postalesdevalencia.blogspot.com)

 

El nombre comodín de Príncipe Alfonso retomó de nuevo la plaza hasta 1931, que con el advenimiento de la 2ª República paso a llamarse, plaza de Ausias March en honor del ilustre poeta valenciano. Fue en esta época cuando más se valencianizó el callejero de la ciudad y de hecho el primer nombre propuesto para esta plaza fue el de plaza de Valencia, denominación que finalmente acabó sustituyendo al rótulo de la plaza de la Reina, que pasó a llamarse Plaza de la Región Valenciana.

Finalmente y como colofón a toda este baile de nombres, la entrada de las tropas de Franco en Valencia en 1939 supuso otro gran cambio en el nomenclátor callejero y el Parterre pasó a denominarse desde entonces y hasta ahora, plaza de Alfonso el Magnánimo, Rey de Valencia (1416-1456) bajo cuyo reinado se produjo el periodo más importante del humanismo valentino. Lo curioso del caso es que el franquismo, que restituyo todos los nombres anteriores a la república dando por buenos la mayoría de topónimos existentes durante la dictadura de Primo de Rivera, no lo hizo con el de Príncipe Alfonso, y jugando al despiste utilizó el nombre de otro rey llamado Alfonso, pero esta vez de la casa de Aragón, con la cual el nuevo régimen no tenía ninguna desavenencia. Seguramente  la mala relación entre Alfonso XIII y el Dictador al acabar la contienda civil tuvieron mucho que ver en esta decisión.

El topónimo de la plaza de Alfonso el Magnánimo ha llegado hasta nuestros días no sin algún que otro intento de cambio, como la propuesta unánime en denominar a la plaza con el nombre del titular de la estatua que la preside: Jaume I.  Pero en Valencia, donde ninguna estatua está en la plaza homónima, no hubiese tenido gracia. Ahora, Jaume I está en la plaza que lleva el nombre de un descendiente suyo y que todo el mundo conoce como Parterre.

 

EL PARTERRE Y LA TOPONIMIA OFICIAL

DE CALLES Y CASAS NATALICIAS.

José Cristóbal Sorní y Eduardo Escalante fueron dos conocidos personajes del siglo XIX valenciano. El primero, abogado de profesión y político, llegó a ser Ministro de Ultramar en 1873 bajo el gobierno de Pi y Margall, desde donde tomó decisiones trascendentales sobre la liberación de esclavos y la abolición de la esclavitud en Cuba y Puerto Rico. El segundo, por otro lado, fue el mayor y más ingenioso sainetista de la Valencia decimonónica y una de las figuras claves del renacimiento cultural valenciano. Ambos nacieron en Valencia y ambos tienen dedicada, en la actualidad, una calle del Cap i Casal: La de Sorni, que pudo ser de Escalante, no tiene ninguna vinculación con el político valenciano. La de Escalante, que fue la calle del Mar del Cabañal, es donde se encuentra la casa natalicia del famoso sainetero. Dos ilustres valencianos unidos por la toponimia y una curiosa historia sobre calles y casas natalicias en la Valencia de entre siglos.

 

CALLES VINCULADAS A SUS TITULARES

Hasta mediados del siglo XIX, los nombres de las calles de la ciudad de Valencia respondían a criterios prácticos y hacían referencia a aquello que caracterizaba a la plaza o camino en cuestión. Sin embargo, la entrada en escena del liberalismo hizo desaparecer muchas de las antiguas denominaciones, consideradas vulgares, en pro de una serie de símbolos y signos que representaban los ideales y valores del nuevo estado.

De este modo empezaron a surgir, de la mano de comisiones nombradas ex profeso y del cronista de la ciudad, informes sobre cambios en el nomenclátor urbano donde se incluían catálogos de “hechos y nombres gloriosos en letras, armas y ciencias, casi todos del país” que por sus merecimientos fuesen susceptibles de ser homenajeados en el callejero.

En este contexto, fue práctica habitual la rotulación de calles con nombres de personajes que tuviesen una especial vinculación con ellas. O bien que hubiesen nacido en dicha calle, como el Poeta Querol o bien que hubiesen vivido o muerto en ella, como Cirilo Amorós. Pero no siempre fue posible llevar a cabo esta máxima y los sucesivos cambios en la administración y la disparidad de criterios a la hora de rotular las calles hizo que en ciertas ocasiones se vivieran episodios, cuanto menos, controvertidos.

 

LAS CALLES DE SORNÍ Y ESCALANTE  

José Cristóbal Sorní murió en Madrid en 1888 y en su ciudad natal pronto surgieron las primeras voces que demandaban un homenaje digno para tan ilustre valenciano, cuya calidad humana y decidida actuación en contra la esclavitud le hizo ser rebautizado como el “Patriarca de las Libertades”. La calle escogida para rotular con el nombre de tan insigne político fue, como no podía ser de otra manera, la calle de los Cambios, en pleno barrio del Mercado, donde había nacido el patricio valentino allá por 1813. Pero un informe de Félix Pizcueta, entonces cronista de la ciudad, desaconsejo el cambio de nombre por tratarse la calle de los Cambios de un topónimo histórico y por existir numerosas vías en el ensanche todavía por rotular. Después de esta negativa, la siguiente propuesta fue la de dividir la calle de Guillem de Castro en dos tramos y a uno de ellos, entre las Torres de Quart y el río, denominarlo calle de Sorni, pero tampoco prosperó.

Por otro lado, Eduardo Escalante murió en 1895 y pronto la calle donde nació pasó a denominarse con su nombre a petición de los vecinos del entonces independiente Pueblo Nuevo del Mar, formado por los actuales barrios del Cabañal, Cañamelar y Cap de França. Nadie entonces puso reticencias al cambio de nombre de la calle del Mar por el del famoso sainetista. Nadie hasta 1897, cuando el municipio se anexionó de nuevo a Valencia y sus designios volvieron a ser dirigidos desde el Ayuntamiento de la capital.

Fue 1905 cuando el entonces Alcalde de Valencia, Eduardo Llagaria, solicitó al negociado de estadística poner el nombre de Eduardo Escalante, según él: “Una de las glorias de la Valencia contemporánea, por su valor literario y por su excepcional condición de autor” a una de las nuevas calles del ensanche, ya que consideraba que la que tenía dedicada en el Pueblo Nuevo del Mar no hacía justicia con tan eminente autor. La calle propuesta por Llagaria fue la conocida como Continuación de Juan de Austria, la cual unía la calle Colón con el puente del Mar.

La petición del Alcalde fue aprobada por el Consistorio, pero pronto llegó a oídos de los vecinos de la calle Escalante del Cabañal, los cuales remitieron una carta al Ayuntamiento rogando que no se llevase a la práctica dicho cambio ya que “se ven muy honrados en que esta calle lleve el titulo de Escalante por existir tan insigne escritor valenciano en la memoria de todos nosotros y además por tener su casa natal en el número treinta y uno de dicha calle”.

Finalmente el ruego de los vecinos del Pueblo Nuevo del Mar fue atendido y Eduardo Escalante siguió dando nombre a la calle donde nació, para gloria de los vecinos del barrio marinero. A su vez, la calle Continuación de Juan de Austria acabó rotulándose con el nombre de Sorní, al que le habían negado la calle donde nació. La placa de la calle de Sorní se inauguró en 1906 con un gran boato por parte de las autoridades y en 1913, con motivo del centenario de su nacimiento, se puso una lápida conmemorativa, ahora sí, en su casa natal de la calle de los Cambios.

placa Sorni
Lápida conmemorativa del centenario del nacimiento de José Cristóbal Sorní, colocada en 1913 en la calle de los Cambios nº 3, en la casa natalicia del político valenciano.
DE CALLES Y CASAS NATALICIAS.

EL BLUES DEL CINE “LOS ÁNGELES”

El Llatzaret de Monteolivete, on es tractava pacients amb malalties infeccioses es va traslladar en 1720 prop del port, al sud de la desembocadura del riu Túria, per a facilitar el seu aïllament i el trasllat dels malalts que arribaven en vaixell a la ciutat. La zona on es va instal·lar el nou Llatzaret estava formada per barraques disseminades entre hortes i era coneguda com la Punta d’En Silvestre, però prompte el nom de la nova institució va anar arrelant i va passar a denominar a tota aquella partida de la ciutat, que amb el temps es va deformar fonèticament donant lloc al topònim Natzaret.

“Los Ángeles” va ser durant 20 anys el cine del barri. Situat a esquenes de l’antic quarter de la Guàrdia Civil de Natzaret des de mitjans dels anys 60 del segle XX, este cine de 450 localitats va projectar els millors títols de l’època, actuant de focus cultural dins d’un barri assotat per les tragèdies naturals i la marginació política i social. Però la pàgina més important que es va escriure en este cine res va tindre a vore amb el sèptim art i sí amb les reivindicacions socials i la lluita veïnal.

planta cine los angeles
Plànol en planta del Cine “Los Angeles” de Natzaret. Font: http://www.prospectosdecine.com.

 

CARRERS DE LA GENT

El respecte per la toponímia històrica és a Natzaret un fet simptomàtic. Els carrers Majors, Alta i Baixa de la Mar i el del Canal, entre altres, són autèntics fòssils, fites en el nomenclàtor urbà d’una ciutat i les seues pedanies que fa temps van perdre gran part d’este patrimoni toponímic. Però també és molt significatiu a Natzaret l’ús del nomenclàtor urbà per a homenatjar personatges populars del barri. Rètols de gent anònima que no obstant això ajuden a mantindre viva la memòria d’un poble en constant lluita contra el desarrelament.

Tal és així, que fa poques dates es va retolar oficialment a Natzaret un nou carrer i com no podia ser d’una altra manera, va ser dedicat a un personatge popular del barri, Josep Mª Tena Artola, un dels treballadors que més implicació va tindre per a dur a terme la construcció d’un grup de cases barates per als tramviaris a Natzaret en 1916. A més, el seu nom s’unix als de Francisco Falcons i Manuel Andrés, altres dos tramviaris que retolen els dos carrers que flanquegen el popular barri, oficialment denominat d’Alfons XIII, però popularment conegut com el barri dels Tramviaris. Poques cases queden ja d’este peculiar barri, a penes 4 o 5, però els noms dels carrers, autentica guia de personatges populars i toponímia històrica, sempre ens recordarà qual va ser el seu origen.

Rótulo calle Jose Maria Tena Artola
Rètol del nou carrer del tramviari Josep Mª Tena Artola.

 

LA TRAGÈDIA QUE VA ESPERONAR AL BARRI

Com hem vist, la vinculació de Natzaret amb la seua guia de carrers és més que evident. Però on més patent es fa és en la placa d’un carrer, límit occidental del poblat que fa referència a l’accident succeït el 10 de febrer de 1976 en la porta del Cine “Los Ángeles”, i que va suposar un punt d’inflexió de la història recent del barri.

Aquell dimarts un grup de veïns s’havia citat en el cine “Los Ángeles”, que havia sigut cedit gratuïtament per a l’ocasió, amb el llavors alcalde Miguel Ramón Izquierdo per a exposar-li les preocupacions i reivindicacions que tenien sobre el barri. Ramón Izquierdo, que òbviament encara seguia influït pels esquemes del franquisme, ara es mostrava més obert al diàleg i pregonava als quatre vents la seua intenció d’acostar l’Ajuntament al poble, cosa que no havia fet en el seu anterior mandat, entre setembre de 1973 i gener de 1976.

Entre les reivindicacions que esperaven l’Alcalde eixa vesprada, no faltarien els problemes habituals que en aquella època tenien molts dels barris de la perifèria de la ciutat: falta de clavegueram, pavimentat de carrers, neteja i cobriment de séquies, xabolisme, etc. Però una de les coses que més preocupava els veïns era la falta de senyalització viària i l’intens tràfic de vehicles no autoritzats i de gran tonatge que transportaven fustes per tota la barriada.

La reunió estava convocada a les 19:30h, però unes hores abans, un tractor amb remolc que transportava il·legalment un tronc de grans dimensions i mal estibat, va bolcar en el carrer del Canal quan es disposava a girar cap a la del Castell de Pop. El tronc, com si d’una premonició macabra es tractara, va caure just davant de la porta del Cine “Los Ángeles” on desgraciadament es trobava Isabel Nebrada, una coneguda veïna del barri de 36 anys d’edat i mare de tres fills, causant-li la mort.

Recorte Levante Isabel Nebrada
Retall de la primera plana del diari Levante del 11 de febrer de 1976. HMV.

 

Els veïns, consternats, es van reunir per a tallar l’accés al barri de vehicles perillosos i van impedir que la Guàrdia Civil retirara el tronc fins a l’arribada de l’Alcalde. La reunió es va celebrar finalment en un cine replet de públic i davall una gran tensió, que va trencar en emoció durant el respectuós minut de silenci.

Aquell tràgic esdeveniment va suposar un abans i un després en el barri. L’Associació de Veïns de Natzaret es va formalitzar eixe mateix dia i un dels seus primers actes va ser la demanda d’un carrer en honor a Isabel, que sense voler es va convertir en símbol de la lluita de tot un barri. En 1979 el primer Ajuntament democràtic va oficialitzar el nom de Isabel Nebrada al nomenclàtor possant-li el nom a un carrer en projecte paral·lel al del Canal, a escassos metres del Cine “Los Ángeles”.

Rótulo calle Isabel Nebrada
Rètol del Carrer dedicat a Isabel Nebrada.

 

Des de llavors moltes coses han passat en el barri. Una història repleta de moltes llums i alguna ombra. Des de llavors, a Natzaret, el barri marítim que es va quedar sense mar, continuen sonant les notes d’aquell blues, la tornada del qual va començar a escriure’s en el cine “Los Ángeles”.

 

 

EL BLUES DEL CINE “LOS ÁNGELES”

EL BARRI QUE MAI DEURIA HAVER ESTAT ALLÍ

Els primers assentaments humans, les primeres ciutats, encara que bàsiques en la seua concepció, van requerir, sens dubte, d’uns coneixements profunds de la topografia i hidrografia de la zona per part dels seus primers habitants. Els romans, per exemple, van demostrar gran destresa a l’hora d’ubicar els seus campaments i estos, en molts casos, van acabar convertint-se en grans referents urbans. És el cas de la nostra Valentia, que va ser fundada en la part més alta d’una illa fluvial del Túria on, entre altres coses, s’evitaven les constants avingudes del devastador riu. Però en l’era industrial tot va canviar i les ciutats van començar a créixer davall altres criteris, molts dels quals es van demostrar, a posteriori, fallits.

En la segona mitat del segle XIX la ciutat de València va patir un gran increment demogràfic, es va annexar els poblats que la circumdaven i va donar recer als primers immigrants. Barris de cases barates per a obrers van començar a esguitar l’horta i al voltant de les noves infraestructures es polaritzaven nous assentaments. L’estació ferroviària del Grau i el nou port van suposar un gran focus d’atracció que va transformar per complet la fatxada marítima de la ciutat, produint-se l’expansió dels assentaments històrics i donant lloc a noves colonitzacions, alguna d’elles en zones poc propícies, com la que se va anar consolidant a la vora del riu Túria, en el seu marge esquerre i molt prop de la desembocadura, coneguda com Cantarranas.

Cantarranas  plano 1925 señal
El barri de Cantarranas (en roig) en la vora esquerra del riu Turia i prop de la desembocadura. Plànol de València de 1925.

 

El modest barri de Cantarranas va conèixer la seua esplendor durant el primer quart del passat segle, quan va arribar a estar format per més d’un centenar de vivendes, però el seu ocàs va sobrevindre prompte, provocat en gran part per la seua mala planificació. Hui, un quarter de la Guàrdia Civil és l’única referència d’un barri que mai va haver d’estar allí, però que en la seua curta vida ens va llegar una anècdota sense igual en la història del nostre nomenclàtor urbà.

 

UN BARRI MALEÏT

Cantarranas és un barri poc conegut, sense relat, situat en terra de ningú a esquenes del Grau i avocat al riu, que sempre que va poder va reclamar eixes terres per a ell. El Passeig de Cantarranas i el carrer del Espolón de Cantarranas ens recorden el nom d’un barri que ja no és tal. Tan sols un grapat d’edificis oficials i algunes vivendes que amenacen ruïna en la vorera dels números parells del no retolat carrer de l’Exèrcit Espanyol, un magatzem de materials de construcció, un llavador de cotxes i algun despistat que aguaita a vore si és cert allò del circuit de Fórmula 1. Són els últims de Cantarranas.

rotulos
Toponimia referent a Cantarranas encara existent.

 

Quasi totes les referències que trobem d’esta part de la ciutat solen estar relacionades amb catàstrofes, sobretot amb riuades i avingudes del Túria, que en eixe replec sempre va trobar una bona eixida al mar. De fet, en la primera gran riuada que es va fotografiar, la de 1897, ja trobem notícies sobre els estralls que va causar en la zona de Cantarranas.

La seua situació, intricat entre el port, l’estació del Grau i els depòsits de Campsa també va causar en el barri no pocs fets funestos. Les canonades que comunicaven els depòsits amb el moll de càrrega de combustible travessaven subterràniament el barri i en 1934 es va produir un accident que va provocar diverses explosions i va afectar nombroses vivendes. La maleïda localització també li va fer ser protagonista dels bombardejos que va patir la ciutat durant la Guerra Civil. En l’epicentre de la zona d’actuacions portuàries, el barri va ser pràcticament arrasat per l’aviació de Mussolini.

Després van arribar les riuades del 49 i del 57 i els pocs valents que quedaven, van fugir. El xicotet pont de ferro que comunicava Cantarranas amb Natzaret se’l en porta el riu per davant, però ningú ho va tornar a reclamar. Ja no seria necessari. A finals del segle XX, desmantellades la platja de vies i els depòsits, pareixia que la zona tornava a entrar en els plans urbanístics de la ciutat, però tan sols li esperava el seu acabament final.

1920 Puente en Nazaret
Pont de ferro que unia Cantarranas amb Natzaret i que va ser arrasat pel riu en 1949. Foto: Blog de Soler Carnicer.

 

Els nostres visionaris polítics van rodejar Cantarranas d’un flamant circuit de Fórmula 1 que suposadament portaria riquesa i prosperitat a la zona. Res més lluny. Anar hui per allí produïx desfici. Un riu que desemboca en una rotonda, un circuit abandonat entre embolics de tanques, caos urbà, desídia. I un pont, com el de ferro que es va portar la riuada del 49, però amb un cost de 15 milions d’euros i clausurat per que va de cap lloc a enlloc.

LA TOPONÍMIA QUE VA TRIAR CANTARRANAS

Però no tot van ser males notícies a Cantarranas. Com he comentat anteriorment, entre catàstrofe i catàstrofe, el barri va viure una època d’esplendor en les primeres dècades del segle XX, que va donar lloc a la creació d’un poblat densament habitat, format per illes de cases allargades i paral·leles entre si i al veí pont de les Drassanes, formant una retícula semblant a la del Cabanyal i Canyamelar.

Va ser llavors, a l’abril de 1913, quan el barri de Cantarranas, ja consolidat i en plena expansió va demandar la retolació dels 10 carrers que ho conformaven i que fins a eixe moment no tenien nomenclatura oficial. Però davant de la passivitat de l’ajuntament, els veïns, organitzats com a Societat Cooperativa Mútua “La Defensa” del Barri de Cantarranas van decidir retolar pel seu compte i risc els seus carrers. Per a això van dirigir una missiva a l’Alcalde on li van adjuntar els noms de les noves vies i li van emplaçar a la seua inauguració el dia 2 de maig, coincidint amb les festes del centenari de la Santa Creu del Grau.

Crida l’atenció, que dels deu noms proposats pels veïns de Cantarranas, cinc varen ser de polítics del partit conservador: Genaro Pérez Moso, Navarro Reverter, Antonio Lázaro, Juan López, Juan Bautista Valldecabres i González Besada. Altres dos carrers van ser dedicats a personalitats relacionades amb el port com José María Fuster i José Juan Domine. Una altra a un monàrquic com el Comte del Grove i finalment a l’Exèrcit Espanyol, que és l’única que perdura amb el mateix nom i traçat.

calle ejercito español
Carrer de l’Exèrcit Espanyol, únic vestigi del que va ser el barri de Cantarranas en l’actualitat.

 

Finalment els noms van ser acceptats pel Consistori en sessió celebrada el 19 de maig de 1913, excepte el de Juan Navarro Reverter, per al que va ser proposat un altre carrer més glamurós. A Cantarranas el seu nom va ser substituït pel de José Maestre Laborde, un altre polític del partit conservador i alcalde de la ciutat en dos ocasions entre 1907 i 1915. Segons conten les cròniques de l’època, alguns regidors van acudir a la inauguració dels rètols dels carrers i van ser rebuts pels veïns amb pastes i licors.

 

orden del dia calles cantarranas
Orde del dia on es va aprovar la retolació dels carrers de Cantarranas. Retall del diari la Voz Valenciana del 20 de maig de 1913.

 

Tal vegada, amb l’elecció dels noms dels seus carrers, els veïns de Cantarranas van voler buscar el favor de polítics i prohoms de l’època perquè fixaren la seua atenció en un barri, el seu, al marge de les polítiques urbanístiques del moment. Amb tota seguretat no van aconseguir la seua comesa i el barri finalment va sucumbir als designis d’un assentament mal planejat. Però queda per al record i per a la història de la nostra ciutat la forma en què els veïns de Cantarranas van retolar els carrers del seu barri, un barri maleït que mai va haver d’estar allí.

 

 

EL BARRI QUE MAI DEURIA HAVER ESTAT ALLÍ