Landerer no es un oficio

A pesar de la gran criba de topónimos históricos que se realizó durante la segunda mitad del siglo XIX en Valencia, muchos de aquellos apelativos, casi el 50%, siguen rotulando las calles y plazas de Ciutat Vella. Dentro de este particular nomenclátor primario destaca por encima de otros un conjunto de calles cuyos rótulos hacen referencia a los oficios de la Valencia preindustrial. Las profesiones de aluder, cadirer o aladrer, entre otras, aunque ya desaparecidas, siguen estando representadas en las calles de la ciudad como un pequeño homenaje a aquella urbe gremial que rebosaba actividad comercial por todos sus barrios.

Dentro de este singular grupo de topónimos a veces se nos cuela por mimetismo el nombre de la calle Landerer, pensando que se trata de un oficio medieval, cuando realmente es el apellido del insigne astrónomo José Landerer. Este hecho ya lo advirtieron los responsables de estadística del Ayuntamiento de Valencia en 1914, cuando aconsejaron rotular la calle como Astrónomo Landerer para evitar confusiones, pero la propuesta cayó en saco roto. Ahora con el sucinto rótulo es difícil intuir si se trata de un desconocido personaje o de una profesión antigua como tantas otras que jalonan la ciudad. Así de caprichoso es nuestro nomenclátor.

landerer
Don José Joaquín Landerer Climent. Astrónomo Español. Archivo: http://www.conec.es

 

El astrónomo autodidacta

Lo bien cierto es que José Joaquín Landerer Climent (Valencia, 1841 – Tortosa, 1922) es uno de esos ilustres personajes valencianos cuya obra y reconocimientos contrasta con la ignorancia más absoluta que de su persona tiene la gran mayoría de ciudadanos. Y, porque no decirlo, su calle tampoco ayuda a resolver el entuerto.

De padre suizo y madre valenciana, Landerer no estudió ninguna carrera universitaria, pero se graduó de bachiller en ciencias, doctrina en la que empezó a destacar desde muy joven. Autodidacta y con unos dotes para las matemáticas y el cálculo fuera de lo normal, pronto publicó decenas de trabajos científicos en revistas francesas especializadas.

La posición acomodada de la familia de su mujer, naturales de Tortosa, le hizo poder dedicarse en cuerpo y alma al estudio e investigación en las distintas ramas de la ciencia que abarcó. Realizó investigaciones en geología y paleontología, hizo excelentes estudios cartográficos y publicó en 1884 el primer tratado de España en mineralogía microscópica.

Sin embargo fue en astronomía donde cosechó sus mayores logros. Observó y analizó con gran precisión el movimiento de los satélites de Júpiter, así como la composición de la Luna y las manchas solares. Determinó la luz polarizada en la atmosfera coronal del Sol y fue pionero en España en la investigación de las corrientes telúricas. De todo ello escribió múltiples trabajos presentados en la Academia de Ciencias de Paris.

Era un apasionado en la predicción y observación de eclipses, participando activamente en los ocurridos en 1900, 1905 y 1912. Los resultados de sus observaciones y la precisión de sus resultados le granjearon numerosos elogios y distinciones a nivel nacional e internacional. En 1900 la Reina de España le concedió la Gran Cruz del Mérito Naval y la Real Academia de Ciencias de Madrid le nombró miembro correspondiente en Valencia. En 1901 la Sociedad Astronómica de Francia le otorgó el premio Janssen, la mayor distinción que se puede lograr a todo un trabajo sobre astronomía.

La polémica Teoría de la Evolución de Darwin que tantos debates acalorados suscitó en la comunidad científica de finales del siglo XIX y principios del XX también salpicó a Landerer. Este, de profundas convicciones católicas empezó teniendo una oposición frontal contra las tesis transformistas, pero a lo largo de su carrera su postura se fue moderando y finalmente acabó, en parte, aceptándolas. Podemos decir que en el tema del evolucionismo Landerer llegó tan lejos como le permitió su religiosidad.

El genial y polifacético científico murió en Tortosa en 1922, donde fue nombrado hijo adoptivo y donde legó gran parte de sus bienes y archivos, conservados hoy en el Observatorio del Ebro que él mismo ayudó a instaurar.

postal-observatorio-del-ebro
Postal del Observatorio del Ebro de diciembre de 1920. http://www.todocoleccion.net

 

Landerer y su calle en Valencia

Después de su boda con doña Dolores de Córdoba y Valverde, Landerer vivió a caballo entre sus dos ciudades predilectas: Valencia y Tortosa. En la ciudad del Turia, donde había nacido, era adorado por sus amigos y conciudadanos, no solo por su eminencia científica, sino por la amabilidad y el trato afable que brindaba a todo el mundo.

En 1914, cuando Landerer ya era considerado uno de los científicos más conocidos del continente, la Societat d’Amadors de les Glories Valencianes “Lo Rat Penat” en sesión celebrada el 6 de julio decidió elevar una propuesta al Ayuntamiento para que una calle de la ciudad llevase el nombre de Landerer con la intención de “honrar a uno de los hijos más preclaros que en los estudios astronómicos tan alto ha puesto el nombre de Valencia”.

El Ayuntamiento pasó la petición a informe del Cronista de la ciudad y este propuso la calle Valldigna como candidata al cambio de nombre. Primero porque cerca se encontraba la calle del Portal homónimo y resultaba reiterativo, y segundo porque Landerer tenía su casa en el número uno de la plaza del Conde de Buñol esquina con la susodicha calle de la Valldigna.

La Comisión de Estadística aceptó el informe del Cronista y lo propuso al Ayuntamiento, que con fecha de 30 de noviembre de 1914 aprobó rotular la calle de Valldigna con el nombre de Doctor Landerer. Pero el 21 de diciembre de ese mismo año, a propuesta de un concejal se acordó cambiar Doctor por Astrónomo y así ser más específicos en la nomenclatura. Sin embargo el encargado de la rotulación, tal vez con un celo excesivo a la hora de abaratar costes dejó finalmente el rótulo con un escueto: Calle de Landerer.

Hoy, una hipotética placa de la calle del astrónomo Landerer nos facilitaría el reconocimiento y el recuerdo de este sabio valenciano que tanto engrandeció a la ciudad que lo vio nacer. Sin embargo, su apellido languidece sobre un rótulo incompleto que a veces confundimos con un viejo oficio, el de landerer.

rotulo-calle-landerer
Rótulo de la calle de Landerer.
Anuncios
Landerer no es un oficio

JOAQUÍM MANUEL FOS, L’ESPIA DEL MOARÉ

Molts, per no dir la majoria dels rètols i plaques dels carrers de València no ajuden a comptar la ciutat. La vaguetat dels seus rètols impedix que fluïsca el discurs històric, per un altre costat tan ric i variat, de la nostra memòria urbana. Els noms de carrers i places s’han preferit curts i de fàcil lectura per damunt de qualsevol altra consideració, tant per part de l’administració com per part dels veïns, la qual cosa en molts casos ha acabat desvirtuant una part fonamental de la toponímia urbana: el reconeixement del personatge i per tant les seues obres i els valors que volen ser transmesos a la societat.

És a dir, economitzar les lletres que contenia el rètol era una de les premisses, i no sols per a ajudar a la seua lectura sinó també per a estalviar en costos, ja que el preu de la placa depenia en gran manera del nombre de caràcters. Així ho testifica un pressupost de principis del segle XX de la famosa Ferreteria “La Campana” dirigit a l’Ajuntament on advertix: “Quan continga més de sis lletres, haurà d’augmentar-se la grandària de la placa i per consegüent el preu”.

Per tant el nostre protagonista de hui tenia totes les de perdre quan en 1872 el cronista de la ciutat, Vicent Boix, va decidir canviar diversos noms de carrers del centre històric, entre ells el de Boninfant, i va proposar dedicar-se’l a l’industrial seder Joaquín Manuel Fos, immortaliltzat en el rètol del carrers amb un concís: Carrer Fos.

retrato-joaquin-fos-cams
Retrat de Joaquim Manuel Fos custodiat al col•legi d’Art Major de la Seda.

ESPIONATGE INDUSTRIAL EN EL SEGLE XVIII

Ni el breu rètol ni el recòndit carrer del barri del Carme amb entrada per la plaça homònima, fan justícia a la peculiar i intensa vida del seu titular, el popular industrial valencià Joaquín Manuel Fos (València, 1730-1789) , protagonista d’una de les històries més increïbles i rocambolesques de tot el segle XVIII valentí.

Fos va nàixer en el mateix barri de Velluters, en el si d’una humil família dedicada, com no podia ser d’una altra manera en aquella època, a la fabricació de sedes. El seu esperit emprenedor ja despuntava abans d’esposar-se amb la filla d’un important comercial seder valencià, però va ser llavors quan per fi es va aventurar a emprendre una empresa que portava anys rondant-li el cap.

palacio-fos
Palau de Fos, situat  al carrer d’En Bany numero 36 del barri de Velluters. Desaparegut en l’actualitat. Arxiu: J.L. Corbín Ferrer.

 

Segons els seus biògrafs, Fos estava obsessionat amb la tècnica usada a Europa per a conferir a les sedes un dibuix en forma d’ones d’aigua coneguda com a moaré. El seu interés per esta i unes altres tècniques li va portar a organitzar un viatge per tot el continent per a conéixer i importar els avanços industrials en esta matèria i així ajudar a promocionar i impulsar l’Art Major de la Seda en la seua ciutat natal. Però la seua expedició no transcorreria per llits normals.

Per a poder accedir a les noves tècniques usades en els tallers i fàbriques europees, Fos va pensar que hauria de fer-ho d’incògnit i per a això va fingir la seua pròpia mort i un canvi d’identitat. Un bon dia de març de 1752, avisats tan sols la seua dona i el seu confessor de tan atrevida estratègia, el nostre protagonista va partir cap a Gandia, i a l’altura de la Devesa del Saler va matar al seu cavall i va arruixar l’escena amb sang de gall, simulant el seu propi assassinat. Allí mateix es va canviar de roba i amb un passaport fals a nom d’un cert José del Castillo va partir amb vaixell cap a Barcelona, des d’on va donar el bot a Paris i a la resta del continent.

A França va treballar com a empleat i criat en algunes de les fàbriques de teles més importants del país, sobretot de París i Lió, on va prendre bona nota de les tècniques utilitzades. Després de quatre anys va tornar triomfant a València, i va implantar amb tal èxit les noves tècniques, que Ferran VI li va atorgar la franquícia de fabricació de moarés i el títol de Premsador de la Real Casa.

 

UN IL·LUSTRAT POLIFACÈTIC

Però les gestes de l’ínclit Fos no van quedar ací, i a pesar del seu èxit va continuar viatjant per tot el món amb la intenció d’aprendre totes les tècniques usades en l’estranger. Disfressat de pelegrí va recórrer Itàlia, Alemanya, Holanda, va arribar fins a Damasc i Constantinoble i inclús el comerç amb ultramar li va portar a Cuba.

Ja a València va contribuir a la fundació de les Escoles Pies en la ciutat i una de les campanes de l’església va ser batejada “Joaquím” en el seu honor. La seua fama anava en augment i el seu bon quefer va ser reconegut en 1776 al ser anomenat vocal de la Real Junta de Comerç i Inspector General de les Fàbriques de Seda de València, la qual cosa va suposar una espenta enorme per a l’art major de la seda, degut en gran part a la rígida normativa que va imposar per a evitar teles mal teixides. Per tot això, Carles III li va concedir el títol de Marqués de Sant Joaquim i va ingresar a la Real Societat Econòmica d’Amics del País.

En 1777 va ser anomenat Alcalde de Barri, des d’on va impulsar la creació d’un cos de Vigilants Nocturns. Aprofitant la quantitat d’hòmens desocupats a causa del reial decret que va abolir la fabricació de focs d’artifici en el Regne, Fos va proposar la creació d’este cos, conegut popularment com Serenos, a imatge i semblança d’altres ciutats europees. El seu èxit va ser tal, que la idea va ser prompte exportada a Madrid i Barcelona. També va impulsar l’enllumenat públic, va instal·lar una fàbrica de tisores per als draps d’Alcoi, va escriure un manual per a la fabricació de moarés i inclús es va atrevir a proposar la desviació del  riu Túria per a poder construir un gran port en la seua desembocadura.

 

cuerpo-de-serenos
Cos de Vigilants Nocturns de València coneguts com “Serenos”. Arxiu: valenciablancoynegro.blogspot.com

 

Joaquín Manuel Fos, autèntic eminent de la València del segle díhuit, va morir en 1789 i va ser inhumat en el mateix barri que li va veure nàixer, en la seua estimada església del Pilar. La seua mort, com la seua vida, no va estar exempta de mites i llegendes i algunes biografies asseguren que va morir a causa de la gran quantitat de gelats que ingeria diàriament, tant a l’estiu com a l’hivern. Este gran personatge valencià, inclús en la seua mort, ens va deixar un buit per a l’anècdota. El seu bell palau del carrer d’En Bany, en ple barri de Velluters, va desaparéixer amb la piqueta del desenvolupisme del segle XX, però el seu record perdurarà en la fràgil memòria dels seus conciutadans en l’acabat de restaurar Col·legi de l’Art Major de la Seda i en aquell carreronet del barri del Carme de rètol breu i concís, el carrer Fos, al que caldria afegir: L’espia il·lustrat.

 

iglesia-del-pilar
Església del Pilar, en l’actualitat, on està soterrat Joaquím Manuel Fos.
JOAQUÍM MANUEL FOS, L’ESPIA DEL MOARÉ

RIPOLL, MÁRTIR Y HEREJE.

Cayetano Ripoll, maestro de escuela en la Ruzafa del primer cuarto del siglo XIX, fue procesado y condenado por hereje en 1826 y ostenta el triste honor de ser la última víctima de la Inquisición de la historia. El anacrónico ajusticiamiento al que fue sometido Ripoll, las acusaciones por las que fue procesado, el delirante final de sus días y sobre todo, la entereza y dignidad con las que el abnegado maestro aceptó su condena, hicieron de él y su causa todo un símbolo contra la intolerancia religiosa y en pro de la libertad de conciencia entre los grupos más progresistas de la Valencia decimonónica. Por eso, cuando republicanos y librepensadores accedieron a puestos de la administración del ayuntamiento de Valencia a finales del siglo XIX, uno de los primeros nombres en salir a la palestra para rotular una plaza fue el del maestro Ripoll.

Pero en Valencia, donde el intento de control de la toponimia urbana por parte de los distintos grupos de poder había ido in crescendo desde mediados de siglo, no iba a ser fácil poner el nombre de un personaje que representaba el papel de mártir o hereje según la ideología que le hacía referencia. De nuevo otro proceso, también polémico y con gran carga política se abría en la ciudad en el nombre del Mestre de Russafa, cuyos últimos coletazos se pegaron en 1980, casi un siglo y medio después de su muerte.

EL PROCESO RIPOLL

Antes de llegar a Valencia, el mestre Ripoll, catalán de nacimiento, estuvo cautivo en Francia después de la guerra contra Napoleón, donde tomó contacto con la doctrina deísta, la cual considera que Dios creador existe, pero niega la religión revelada. Ya en España obtuvo la plaza de maestro en Ruzafa, en una escuela del camino de Pinedo en la partida conocida como Perú. Allí pronto se ganó el cariño de los vecinos por su humildad y dedicación con los niños, pero llamó la atención de algún reaccionario que lo acusó de no oír misa los domingos, comer carne los viernes y de enseñar a los niños a saludar con un “Alabado sea Dios” en vez de con un “Ave María Purísima”, como era de precepto.

La Inquisición, que ya había sido prohibida por las Cortes de Cádiz (1810-1814) y de nuevo durante el Trienio Liberal (1820-1823) fue restablecida con el nombre de Junta de Fe por el ultramontano Arzobispo de Valencia Simón López, acusó a Ripoll de hereje y fue condenado a morir en la horca y a quemar su cuerpo. El maestro, al que se le reconoció buena conducta y no hacer proselitismo en la escuela, estuvo varios meses encarcelado en San Narciso (al final de la actual calle del Salvador) sin declarar ni tener defensor. Hasta que el 31 de julio de 1826 fue ahorcado en la plaza del Mercado y metido en una cuba de madera con las llamas pintadas simulando su cremación, tal vez reconociendo lo anacrónico del suceso, y finalmente arrojado al río.

La actuación de la Junta de Fe de Valencia provocó un gran escándalo internacional y desde Inglaterra y Francia llegaron agrias protestas contra el reinado de Fernando VII, cuyo mandato, entre 1823 y 1833, fue conocido como década ominosa no por casualidad. Las Juntas de Fe y por tanto la Inquisición fue abolida finalmente en 1834.

 

RIPOLL EN LA TOPONIMIA URBANA DE VALENCIA

La primera petición oficial para rotular una plaza con el nombre del Maestro Ripoll tuvo lugar en 1892. La demanda estuvo liderada en todo momento por el concejal republicano del Ayuntamiento de Valencia Aurelio Blasco Grajales, abogado, escritor y masón, ferviente defensor de los valores y las ideas progresistas. La plaza escogida por Blasco Grajales para homenajear a Ripoll fue la plaza Mayor de Ruzafa, por aquello de que el maestro había ejercido su magisterio en las huertas de dicho poblado.

plano-1883
Ruzafa en el plano topográfico de Valencia de 1883. La plaza Mayor, el gran espacio central del caserío.

 

El expediente prosperó, pero el consistorio valenciano se lavó las manos y decidió que fuese el cronista y los directores de algunos periódicos de la ciudad los que se pronunciasen sobre la petición del concejal republicano. Los directores de los diarios la Correspondencia de Valencia y El Criterio, de clara tendencia conservadora, se pronunciaron en contra del cambio de nombre, alegando que Ripoll no era valenciano y que no se podía alterar injustificadamente la toponimia histórica de la ciudad. Del mismo modo, Teodoro Llorente, cronista de la ciudad, tampoco vio con buenos ojos el cambio de rotulación de la plaza Mayor de Russafa por el nombre del maestro, aduciendo que este homenaje podría “contrariar el sentimiento católico de la inmensa mayoría de valencianos”. A pesar de la opinión en contra de todos los agentes consultados, la moción fue aprobada, pero misteriosamente nunca se llevó a cabo la rotulación oficial.

En 1903, de nuevo los concejales progresistas del Ayuntamiento de Valencia volvieron a pedir que la plaza de Ruzafa cambiase de nombre, y de nuevo se creó una fuerte polémica entre partidarios y detractores del icónico maestro, pero esta vez entre los propios moradores del barrio. Dos facciones opuestas de vecinos remitieron sendas cartas al consistorio pidiendo, unos que se mantuviese el nombre de plaza de Ruzafa y otros el cambio por el del maestro Ripoll. En realidad los vecinos, mediatizados, se hicieron eco en sus escritos de las mismas argumentaciones usadas por el cronista y los diarios conservadores para justificar su oposición al cambio, al igual que los vecinos partidarios de Ripoll subscribieron lo expuesto por los políticos y medios liberales.

Por fin en 1906, ya con mayoría republicana en el Ayuntamiento y con el Alcalde, José Sanchis Bergón y el Secretario, Tomás Giménez Valdivieso claramente a favor de la causa Ripoll, la rotulación de la plaza con el nombre del maestro se llevó a cabo. El día de autos fue una fiesta del republicanismo valenciano, y junto a Ripoll se homenajeó con sendas calles a otros tantos ilustres políticos valencianos como Sorní y Guerrero. La comitiva, encabezada por el Alcalde y el Secretario se fue trasladando de calle en calle, descubriendo las placas de los homenajeados al son del himno de Riego. Además, con motivo de la rotulación de la plaza del maestro Ripoll, el Ayuntamiento publicó un opúsculo titulado “Homenaje a Ripoll” que contenía un par de artículos sobre la vida y muerte del maestro, con datos y fechas valiosísimos para poder reconstruir los hechos fehacientemente.

placa-maestro-ripoll
Placa rotuladora de la plaza del Maestro Ripoll. lapidasrotuladorasenvalencia.blogspot.com

 

El primero de los artículos titulado “Un ahorcado en tiempos de Fernando VII por su opiniones religiosas” estaba extraído del libro “Estudios sobre elocuencia, política, jurisprudencia, historia y moral” del abogado y político Salustiano Olózaga. En él encontramos al detalle el proceso judicial que sufrió Ripoll y el contexto histórico en el que sucedió. En el segundo artículo, titulado “Ripoll” y firmado por Cazalla (seudónimo de Tomás Giménez Valdivieso) el autor se traslada a la misma huerta de Ruzafa para entrevistarse con los vecinos de la zona, algunos de los cuales habían convivido con el maestro (en el momento de la entrevista tan solo hacía 68 años de la muerte de Ripoll). Se trata por tanto de un documento único e imprescindible y que debería ser tomado como ejemplo a la hora de rotular una calle en la actualidad.

 

homenaje-a-ripoll
Portada del opúsculo publicado para conmemorar la colocación de la lápida de la plaza del maestro Ripoll. AHMV

El nombre de plaza del maestro Ripoll fue oficial hasta el final de la Guerra Civil, pero no caló demasiado en la gente, que seguía refiriéndose a la plaza como Mayor o de Ruzafa. En la postguerra recuperó el nombre de plaza de Ruzafa hasta que en 1963 fue bautizada con el nombre de Barón de Cortes en honor a Pascual Frígola, presidente de Lo Rat Penat e ideólogo de la Batalla de Flores de la Feria de Julio.

La aventura de Cayetano Ripoll en el nomenclátor urbano de Valencia acabó en 1980 cuando su nombre fue reclamado de nuevo por asociaciones progresistas de maestros y trabajadores de la enseñanza y el ayuntamiento de Pérez Casado accedió a rotular una plaza con su nombre, pero esta vez ya no sería en Russafa. La bella placa que rotuló durante treinta años la plaza del maestro desapareció después de la guerra y Ripoll volvió al nomenclátor en una plaza de nueva planta al final de la Avenida de Blasco Ibáñez, cerca del barrio de Beteró.

 

 

RIPOLL, MÁRTIR Y HEREJE.

EL PARTERRE Y LA TOPONIMIA OFICIAL

El Parterre es, sin duda, uno de los jardines más singulares y preciados del Cap i Casal. La céntrica localización, sus coquetos caminos, el imponente ficus y sobre todo, la estatua de Jaume I, hacen de este pequeño edén un rincón muy concurrido y popular entre los valencianos. Pero quizás, lo que no es tan conocido por el gran público es el nombre oficial de la plaza que lo alberga, cuyo nombre de Alfonso el Magnánimo ha sido relegado en el día a día de muchos vecinos y visitantes, que utilizan  Parterre para referirse a todo el conjunto, tanto al jardín como a la plaza.

En ocasiones, el nombre extraoficial de un lugar, más práctico y funcional que el oficial, suele prevalecer sobre las imposiciones políticas en el nomenclátor callejero. Más si cabe, como es el caso, cuando el nombre oficial ha ido sufriendo tantos cambios a lo largo de la historia que resulta imposible que la ciudadanía empatice con este o aquel topónimo. La plaza de Alfonso el Magnánimo, vulgo Parterre, es el paradigma de la instrumentalización de la toponimia urbana, cuyo resultado final ha sido la desafección del pueblo hacia la toponimia impuesta y el triunfo del apelativo popular, apolítico y fácilmente reconocible por cualquier habitante de la ciudad.

Breve historia del parterre

La voz francesa parterre, a veces pronunciada popularmente como panterre o panterri, hace referencia a un jardín de anchos paseos, jalonado de flores y césped. En Valencia empezó a popularizarse hacia 1860 cuando el arquitecto Sebastián Monleón la utilizó para definir su proyecto de ajardinamiento de la, entonces, plaza del Príncipe Alfonso. El planteamiento de Monleón fue el de crear un elegante parterre en dicha plaza, en el centro del cual levantar una fuente con un gran pedestal sobre el que situar una monumental estatua ecuestre de Jaume I.

Sin embargo, la idea primigenia de dotar a la ciudad de más y mejores zonas ajardinadas y en concreto en el margen derecho intramuros de la ciudad fue del Mariscal Suchet durante la dominación francesa de la ciudad. Para ello Suchet derribó una serie de manzanas adyacentes al edificio de la Aduana (hoy conocido como Palacio de Justicia) en la zona más baja, topográfica pero también socialmente hablando, de la ciudad. El espacio para una gran plaza ajardinada estaba dispuesto.

plano-tosca
Recorte del plano del Padre Tosca grabado por Josep fortea en 1738. En rojo las manzanas de casas derribadas por Suchet donde posteriormente se situaria el Parterre. (Nota: El edificio de la Aduana se empezó a construir en 1758 y por eso no está representado).

 

El gobierno efímero de Suchet no le permitió ver acabado su proyecto que continuó el General Elío con los jardines situados más cerca de Santo Domingo, conocidos posteriormente como Glorieta. Más al sur, el solar resultante del derribo de las casas que dio lugar al Parterre continuó vacío hasta 1852, cuando se plantaron unas hileras de árboles en su perímetro. Hasta entonces el solar tuvo varios usos, entre ellos la instalación de una plaza de toros provisional entre 1826 y 1833.

 

plano-1831
Recorte del plano de Valencia de Francisco Ferrer de 1831 donde puede observarse el solar resultante del derribo de las casas iniciado por Suchet en 1812. En el centro del solar la plaza de toros provisional de forma octogonal y el edificio de la Aduana (entonces fábrica de cigarros) ya construido.

 

El proyecto de Parterre de Monleón se llevo a cabo a medias y se inauguró oficialmente en 1869 con pedestal, pero sin la estatua de Jaume I, que se instaló después de varios vaivenes en 1891 sobre el proyecto final dirigido por el mismo Teodoro Llorente.

El Parterre que ha llegado hasta nuestros días es fruto de varias actuaciones posteriores y remodelaciones llevadas a cabo a lo largo del siglo XX. La más importante fue la que se tuvo que efectuar después de la riada de 1957, donde el agua alcanzó 2.8 metros de altura en el jardín, que como ya hemos dicho, está situado en el punto más bajo de la ciudad.

 

Toponimia oficial del Parterre

Como hemos comentado anteriormente, el Parterre, como gran plaza cívica y punto de encuentro de muchos valencianos que es, no se libra del uso político que se ha hecho de su nombre oficial. Como en otros muchos rincones de la ciudad, las placas rotuladoras han durado lo mismo en las fachadas circundantes que el régimen político de turno en la poltrona, hasta que entraba el siguiente y las cambiaba.

Cuando en 1812 Suchet derriba las primeras casas para dar paso a una gran solar, este recibe el nombre de plaza de la Aduana por motivos prácticos y obvios al encontrarse el edificio de la Aduana contiguo al solar.

En 1840, durante la regencia de Espartero y el acceso al poder de los Progresistas, Valencia sufre el primer gran cambio en el nomenclátor callejero y la plaza de la Aduana pasa a llamarse oficialmente plaza de la Milicia Nacional, nombre que duró apenas 4 años y que rendía homenaje a las milicias cívico-militares que defendían el orden constitucional frente a los absolutistas.

Sin embargo, el nombre de Aduana seguía siendo el más utilizado debido a su mayor difusión y practicidad. Hasta 1857 cuando Isabel II dio a luz a su hijo Alfonso, futuro Alfonso XII y las autoridades monárquicas decidieron bautizar la plaza con el nombre de Príncipe Alfonso, en su honor.

Ya en esta época, con los proyectos de ajardinamiento propuestos por Monleón y posteriormente por Llorente, la palabra Parterre empieza a sonar con fuerza y arraigar en el imaginario colectivo de los valencianos, al tiempo que la agitada vida política de la época

La siguiente parada en este vaivén toponímico fue a raíz de la revolución de 1868, que trajo consigo nuevos cambios en el nomenclátor, siendo esta vez el nombre del político liberal Juan Álvarez Mendizábal el que acabó dando nombre a la plaza durante el Sexenio Democrático (1868-1874).

En 1875 Alfonso XII es proclamado rey y la plaza recupera el antiguo nombre de Príncipe Alfonso, aunque ya es conocida popular y generalmente como Parterre. Ambos nombres, el oficial de Príncipe Alfonso y el popular de Parterre alternan en documentos, planos y escritos en la Valencia de entre siglos, hasta 1918, cuando el partido republicano de Blasco Ibáñez decide homenajear al presidente de los Estados Unidos Thomas Woodrow Wilson por su decisivo papel durante la I Guerra Mundial. Wilson, que impulsó la creación de la Sociedad de Naciones y fue galardonado con el premio nobel de la Paz, dio nombre a la plaza entre 1918 y 1923, justo hasta la vuelta del conservadurismo al Ayuntamiento de la ciudad, que devolvió a la plaza su primitivo nombre.

postal-plaza-wilson
Postal del Parterre de 1921. En la parte superior el nombre de la plaza: plaza de Wilson. (Fuente: postalesdevalencia.blogspot.com)

 

El nombre comodín de Príncipe Alfonso retomó de nuevo la plaza hasta 1931, que con el advenimiento de la 2ª República paso a llamarse, plaza de Ausias March en honor del ilustre poeta valenciano. Fue en esta época cuando más se valencianizó el callejero de la ciudad y de hecho el primer nombre propuesto para esta plaza fue el de plaza de Valencia, denominación que finalmente acabó sustituyendo al rótulo de la plaza de la Reina, que pasó a llamarse Plaza de la Región Valenciana.

Finalmente y como colofón a toda este baile de nombres, la entrada de las tropas de Franco en Valencia en 1939 supuso otro gran cambio en el nomenclátor callejero y el Parterre pasó a denominarse desde entonces y hasta ahora, plaza de Alfonso el Magnánimo, Rey de Valencia (1416-1456) bajo cuyo reinado se produjo el periodo más importante del humanismo valentino. Lo curioso del caso es que el franquismo, que restituyo todos los nombres anteriores a la república dando por buenos la mayoría de topónimos existentes durante la dictadura de Primo de Rivera, no lo hizo con el de Príncipe Alfonso, y jugando al despiste utilizó el nombre de otro rey llamado Alfonso, pero esta vez de la casa de Aragón, con la cual el nuevo régimen no tenía ninguna desavenencia. Seguramente  la mala relación entre Alfonso XIII y el Dictador al acabar la contienda civil tuvieron mucho que ver en esta decisión.

El topónimo de la plaza de Alfonso el Magnánimo ha llegado hasta nuestros días no sin algún que otro intento de cambio, como la propuesta unánime en denominar a la plaza con el nombre del titular de la estatua que la preside: Jaume I.  Pero en Valencia, donde ninguna estatua está en la plaza homónima, no hubiese tenido gracia. Ahora, Jaume I está en la plaza que lleva el nombre de un descendiente suyo y que todo el mundo conoce como Parterre.

 

EL PARTERRE Y LA TOPONIMIA OFICIAL

EL BARRI QUE MAI DEURIA HAVER ESTAT ALLÍ

Els primers assentaments humans, les primeres ciutats, encara que bàsiques en la seua concepció, van requerir, sens dubte, d’uns coneixements profunds de la topografia i hidrografia de la zona per part dels seus primers habitants. Els romans, per exemple, van demostrar gran destresa a l’hora d’ubicar els seus campaments i estos, en molts casos, van acabar convertint-se en grans referents urbans. És el cas de la nostra Valentia, que va ser fundada en la part més alta d’una illa fluvial del Túria on, entre altres coses, s’evitaven les constants avingudes del devastador riu. Però en l’era industrial tot va canviar i les ciutats van començar a créixer davall altres criteris, molts dels quals es van demostrar, a posteriori, fallits.

En la segona mitat del segle XIX la ciutat de València va patir un gran increment demogràfic, es va annexar els poblats que la circumdaven i va donar recer als primers immigrants. Barris de cases barates per a obrers van començar a esguitar l’horta i al voltant de les noves infraestructures es polaritzaven nous assentaments. L’estació ferroviària del Grau i el nou port van suposar un gran focus d’atracció que va transformar per complet la fatxada marítima de la ciutat, produint-se l’expansió dels assentaments històrics i donant lloc a noves colonitzacions, alguna d’elles en zones poc propícies, com la que se va anar consolidant a la vora del riu Túria, en el seu marge esquerre i molt prop de la desembocadura, coneguda com Cantarranas.

Cantarranas  plano 1925 señal
El barri de Cantarranas (en roig) en la vora esquerra del riu Turia i prop de la desembocadura. Plànol de València de 1925.

 

El modest barri de Cantarranas va conèixer la seua esplendor durant el primer quart del passat segle, quan va arribar a estar format per més d’un centenar de vivendes, però el seu ocàs va sobrevindre prompte, provocat en gran part per la seua mala planificació. Hui, un quarter de la Guàrdia Civil és l’única referència d’un barri que mai va haver d’estar allí, però que en la seua curta vida ens va llegar una anècdota sense igual en la història del nostre nomenclàtor urbà.

 

UN BARRI MALEÏT

Cantarranas és un barri poc conegut, sense relat, situat en terra de ningú a esquenes del Grau i avocat al riu, que sempre que va poder va reclamar eixes terres per a ell. El Passeig de Cantarranas i el carrer del Espolón de Cantarranas ens recorden el nom d’un barri que ja no és tal. Tan sols un grapat d’edificis oficials i algunes vivendes que amenacen ruïna en la vorera dels números parells del no retolat carrer de l’Exèrcit Espanyol, un magatzem de materials de construcció, un llavador de cotxes i algun despistat que aguaita a vore si és cert allò del circuit de Fórmula 1. Són els últims de Cantarranas.

rotulos
Toponimia referent a Cantarranas encara existent.

 

Quasi totes les referències que trobem d’esta part de la ciutat solen estar relacionades amb catàstrofes, sobretot amb riuades i avingudes del Túria, que en eixe replec sempre va trobar una bona eixida al mar. De fet, en la primera gran riuada que es va fotografiar, la de 1897, ja trobem notícies sobre els estralls que va causar en la zona de Cantarranas.

La seua situació, intricat entre el port, l’estació del Grau i els depòsits de Campsa també va causar en el barri no pocs fets funestos. Les canonades que comunicaven els depòsits amb el moll de càrrega de combustible travessaven subterràniament el barri i en 1934 es va produir un accident que va provocar diverses explosions i va afectar nombroses vivendes. La maleïda localització també li va fer ser protagonista dels bombardejos que va patir la ciutat durant la Guerra Civil. En l’epicentre de la zona d’actuacions portuàries, el barri va ser pràcticament arrasat per l’aviació de Mussolini.

Després van arribar les riuades del 49 i del 57 i els pocs valents que quedaven, van fugir. El xicotet pont de ferro que comunicava Cantarranas amb Natzaret se’l en porta el riu per davant, però ningú ho va tornar a reclamar. Ja no seria necessari. A finals del segle XX, desmantellades la platja de vies i els depòsits, pareixia que la zona tornava a entrar en els plans urbanístics de la ciutat, però tan sols li esperava el seu acabament final.

1920 Puente en Nazaret
Pont de ferro que unia Cantarranas amb Natzaret i que va ser arrasat pel riu en 1949. Foto: Blog de Soler Carnicer.

 

Els nostres visionaris polítics van rodejar Cantarranas d’un flamant circuit de Fórmula 1 que suposadament portaria riquesa i prosperitat a la zona. Res més lluny. Anar hui per allí produïx desfici. Un riu que desemboca en una rotonda, un circuit abandonat entre embolics de tanques, caos urbà, desídia. I un pont, com el de ferro que es va portar la riuada del 49, però amb un cost de 15 milions d’euros i clausurat per que va de cap lloc a enlloc.

LA TOPONÍMIA QUE VA TRIAR CANTARRANAS

Però no tot van ser males notícies a Cantarranas. Com he comentat anteriorment, entre catàstrofe i catàstrofe, el barri va viure una època d’esplendor en les primeres dècades del segle XX, que va donar lloc a la creació d’un poblat densament habitat, format per illes de cases allargades i paral·leles entre si i al veí pont de les Drassanes, formant una retícula semblant a la del Cabanyal i Canyamelar.

Va ser llavors, a l’abril de 1913, quan el barri de Cantarranas, ja consolidat i en plena expansió va demandar la retolació dels 10 carrers que ho conformaven i que fins a eixe moment no tenien nomenclatura oficial. Però davant de la passivitat de l’ajuntament, els veïns, organitzats com a Societat Cooperativa Mútua “La Defensa” del Barri de Cantarranas van decidir retolar pel seu compte i risc els seus carrers. Per a això van dirigir una missiva a l’Alcalde on li van adjuntar els noms de les noves vies i li van emplaçar a la seua inauguració el dia 2 de maig, coincidint amb les festes del centenari de la Santa Creu del Grau.

Crida l’atenció, que dels deu noms proposats pels veïns de Cantarranas, cinc varen ser de polítics del partit conservador: Genaro Pérez Moso, Navarro Reverter, Antonio Lázaro, Juan López, Juan Bautista Valldecabres i González Besada. Altres dos carrers van ser dedicats a personalitats relacionades amb el port com José María Fuster i José Juan Domine. Una altra a un monàrquic com el Comte del Grove i finalment a l’Exèrcit Espanyol, que és l’única que perdura amb el mateix nom i traçat.

calle ejercito español
Carrer de l’Exèrcit Espanyol, únic vestigi del que va ser el barri de Cantarranas en l’actualitat.

 

Finalment els noms van ser acceptats pel Consistori en sessió celebrada el 19 de maig de 1913, excepte el de Juan Navarro Reverter, per al que va ser proposat un altre carrer més glamurós. A Cantarranas el seu nom va ser substituït pel de José Maestre Laborde, un altre polític del partit conservador i alcalde de la ciutat en dos ocasions entre 1907 i 1915. Segons conten les cròniques de l’època, alguns regidors van acudir a la inauguració dels rètols dels carrers i van ser rebuts pels veïns amb pastes i licors.

 

orden del dia calles cantarranas
Orde del dia on es va aprovar la retolació dels carrers de Cantarranas. Retall del diari la Voz Valenciana del 20 de maig de 1913.

 

Tal vegada, amb l’elecció dels noms dels seus carrers, els veïns de Cantarranas van voler buscar el favor de polítics i prohoms de l’època perquè fixaren la seua atenció en un barri, el seu, al marge de les polítiques urbanístiques del moment. Amb tota seguretat no van aconseguir la seua comesa i el barri finalment va sucumbir als designis d’un assentament mal planejat. Però queda per al record i per a la història de la nostra ciutat la forma en què els veïns de Cantarranas van retolar els carrers del seu barri, un barri maleït que mai va haver d’estar allí.

 

 

EL BARRI QUE MAI DEURIA HAVER ESTAT ALLÍ

ELS CEGOS DEL CARRER MUSEU

No tinc per costum, en este blog de toponímia, urbanisme i cultura popular valenciana, abordar la història urbana de carrers i barris del centre històric de la ciutat de València. No perquè no em parega interessant o necessari, que sens dubte ho és, si no, sobretot perquè és la zona que més rius de tinta ha fet córrer de totes i quantes componen l’espai urbà del Cap i Casal. Els seus passatges i anècdotes ja han sigut molt trillades en multitud de llibres, guies i anecdotaris, començant pels més grans de la toponímia valentina, com Orellana, Boix, Llombart, Carboneres, Lamarca, etc. passant pels estudiosos més contemporanis com Corbín i finalitzant amb la quantitat de blogs i pàgines web que actualment se centren en esta part de la ciutat. En la perifèria i la seua evolució urbana vaig trobar, no obstant això, un camp abonat però quasi intacte.

Però hui farem una excepció, i aprofitant que és el dia internacional dels museus, ens endinsarem en el barri del Carme per a descobrir els amagatalls d’una de les seues principals vies, la que continuant el carrer de Roters ens porta fins al Portal Nou i antigament fins el Bordell i que en l’actualitat està retolada, precisament, amb el nom de Museu.

Carrer Museu retol
Rètol del Carrer del Museu

 

LA PORTERIA DEL CARME, SANTA TERESA I EL MUSEU

Encara que de traçat antic, el carrer hui conegut com a Museu ostenta el seu nom tan sols des de 1873, quan l’erudit romàntic i aleshores cronista de la ciutat, Vicente Boix, va proposar un canvi en certs carrers de la ciutat els noms del qual eren considerats vulgars o poc apropiats. Entre ells el del carrer de la porteria del Carme pel de carrer del Museu.

El topònim porteria del Carme feia referència, com no podria ser d’una altra manera, a la porta d’entrada principal a l’antic convent del Carme, el mateix pel qual ara s’accedix al nou centre museístic que alberga les dependències del dit ex convent. Les entrades o porteries d’alguns convents van ser topònims de primer orde en la València del segle XVIII, ja que en eixa època trobem carrers com a porteria de Sant Agustí, porteria de Sant Cristòfol, porteria de la Companyia i porteria de les Monges de Santa Tecla.

 

Porteria del Carme
La porteria del Carme en l’actualitat.

 

Anterior a este topònim, el carrer també va ser conegut amb el nom de carrer del Carme, homònim a la plaça adjacent i en clara al·lusió al convent de Carmelites Calçats. I, en menor grau i temps, també es fa referència a ell com a carrer de Santa Teresa, a causa del retaule de taulellets de Manises del segle XVIII que es troba en una fornícula adossada al mur del centre i en el que està representada Santa Teresa de Jesús.

 

Santa Teresa Museu Carme
Retaule de Santa Teresa de Jesús al mur de la façana del Centre del Carme.

 

El canvi de nom que va proposar Boix a finals del segle XIX ve justificat pel fet de que en 1836 i arran de la desamortització de Mendizabal, el convent del Carme es convertira en Museu Provincial de Pintura. Després de la Guerra Civil, el Museu de Belles Arts junt amb la Reial Acadèmia de Belles Arts de Sant Carles va passar a la seua ubicació actual en Sant Pius V. En l’actualitat, el Museu del Carme és un centre dependent del Consorci de Museus de la Generalitat Valenciana i per tant, el nom del carrer que ho jalona, el carrer del Museu, continua estant vigent.

 

LA CONFRARIA DELS CEGOS

Un altre dels noms que va rebre este carrer del Museu i que va quedar gravat en els annals de la història al ser el topònim que el pare Tosca va immortaliltzar en el seu famós plànol, és el de carrer de la Confraria dels Cegos. Esta confraria, que pareix va tindre la seua seu en este carrer des del segle XIV, va estar molt vinculada al barri, primer a la desapareguda església de la Santa Cruz i posteriorment a la del Carme, on es va traslladar la primera al ser derrocada en 1844.

Tal com ens recorden Solaz i Corbín, antigament a València els invidents es dedicaven a recitar pregàries i narrar gestes en qualsevol racó de la ciutat. Era una estampa típica vore als cegos guiats per xiquets o gossos recorrent la ciutat. Alguns d’ells, guitarra en mà, se situaven en els llocs més concorreguts, com les places de la Seu o del Mercat, recitant romanços i tragèdies en la seua llengua materna valenciana, que després venien en plecs de cordell, un gènere literari popular on s’arreplegaven els dits col·loquis i històries i que en el segle XVIII i XIX els suposava una gran font d’ingressos.

Ciegos-en-la-Catedral-de-Valencia_-Dibujo-de-Doré-1880
Cegos en la Catedral de València. Dibuix de Doré de 1880. Arxiu de Rafael Solaz.

 

També eren sol·licitats en moltes esglésies i pobles de la contornada de la ciutat per a cantar missa i resar oracions, ja que a causa del seu gran oïda i la seua destresa per a tocar instruments, realitzaven estos oficis amb gran magnificència i solemnitat. Per este fet, els cegos que es guanyaven la vida cantant i orant, eren coneguts com a Cegos Oracioners o Paternòsters.

No era fàcil la vida dels invidents en aquella època, on inclús no era rar vore pels carrers a cegos accidentats o carregant amb desvalguts, on el primer posava les cames i el segon, la vista. La confraria dels Cegos va ser en eixos temps, “…un verdader Pare i Mare dels pobres (hòmens, i dones) que es troben privats d’un sentit tan principal com és la vista.” (Orellana, 1924) . I tan coneguda era per la seua labor que, primer el poble i després el pare Tosca, ens van llegar per sempre el nom del carrer de la Confraria dels cegos o simplement, carrer dels cegos o cechs, per a la història de la cartografia i la toponímia de la nostra ciutat.

 

REFERÈNCIES

Orellana, Marcos Antonio (1924): Valencia antigua y moderna. Acción Bibliográfica Valenciana, Valencia.

ELS CEGOS DEL CARRER MUSEU

CÓRRER PEL CARRER

És difícil trovar esportistes en els rètols dels nostres carrers. Principalment, perquè en el moment de la configuració de la identitat col·lectiva a través de la toponímia urbana, en moments puntuals de finals del segle XIX fins als anys 40 del XX, l’esport i els seus protagonistes, eren una rara avis que no tenien el reconeixement social suficient com per a representar a una societat i un règim, àvid d’herois i representants que legitimaren el seu poder. Inclús, durant el desenvolupisme dels anys 60 i 70, on es van retolar a València prop de 400 carrers, ningú va tindre en compte els mèrits que alguns d’ells havien contret per a representar a una societat que ja començava a idolatrar als primers referents esportius.

Una de les primeres peticions per a retolar un carrer amb el nom d’un esportista valencià va ser, sens dubte, la que va arribar de la mà de la Federació Valenciana d’Atletisme, que en 1971 va sol·licitar a l’Ajuntament del llavors alcalde falangista Vicente López Rosat, la denominació de dos carrers amb els noms del fundador de la seua federació, Vicente Salvatierra i del primer referent de l’atletisme valencià, el corredor Josep Andrés.

L’Ajuntament va desestimar la proposta i l’expedient es va quedar arxivat, fins que 10 anys després, esta vegada a petició de l’Associació de Veïns del carrer Arts i Oficis, es va rescatar la proposta de retolar un carrer amb el nom de l’atleta i veí del barri, José Andrés. Ara sí, el primer Ajuntament democràtic va accedir a la sol·licitud i va decidir, al juny de 1980, anomenar com “Atleta José Andrés el Roget” a una plaça de nova planta situada entre illes urbanes, al començament de les avingudes d’Aragó i del Port.

placa plaça jose andres

 

 

EL VALÈNCIA FC I ELS INICIS DE L’ATLETISME A VALÈNCIA

Els orígens de l’atletisme valencià es remunten a les primeres carreres pedestres, com així es coneixien llavors, que van tindre lloc acabat d’estrenar el segle XX i que més tard van ser impulsades durant l’Exposició Regional de 1909. Però no és fins a 1924 quan a instàncies de Vicente Salvatierra s’organitza la Secció Atlètica del València FC, la qual cosa propiciaria, eixe mateix any, la fundació de la Federació Valenciana d’Atletisme.

atletismo ValenciaCF
El Roget i la resta de components de l’equip d’atletisme del Valencia FC en 1924. Arxiu Recaredo Agulló

El València FC (Hui CF) que va ser fundat tan sols 5 anys abans, va adquirir, amb la instauració de les noves seccions esportives, tints de club total i poliesportiu, paradigma de l’esport en la ciutat de València i també en tota la Regió. De totes les seccions, la d’atletisme va ser la que més titulars li va donar al club, dominant l’escena atlètica valenciana des dels seus inicis fins al començament de la Guerra Civil. En set edicions de la Volta a Peu disputades entre 1924 i 1930 el club “che” es va proclamar campió en sis. I durant estos anys, el pioner i principal exponent va ser un jove prim i pèl-roig, a qui com és costum a València, tot el món coneixia com “el Roget”.

 

JOSÉ ANDRÉS “EL ROGET”

La vida de José Andrés va estar molt vinculada a l’incipient València FC. Segons compten les cròniques, son pare era el conserge del Camp d’Algirós, el primer camp en la història del club. I allí, José Andrés es guanyava la vida, a banda de la seua professió en una fusteria, repartint refrescos entre els assistents al partit. Com no, corrent de banda a banda del camp.

El Roget prompte botaria a la fama guanyant les primeres edicions de la Volta a Peu en 1924 i el Campionat Regional de Camp a Través en 1925, ambdós lluint l’escut valencianista en el pit. En la Volta a Peu repetiria com a campió en 1925 i 1927, mentres que en el cros es va alçar victoriós de nou en les edicions de 1926 i 1928. Este palmarés, junt amb els rècords que ostentava de 3000 i 5000 metres en pista, li van catapultar a l’equip nacional d’atletisme, sent el primer atleta internacional valencià.

Jose Andres el Roget
José Andrés “el Roget”. Font: Federació Valenciana d’Atletisme.

Durant els anys 20 i 30 del segle passat, José Andrés va ser, sens dubte, una icona de l’esport valencià. Tant és així, que va protagonitzar una de les anècdotes més entranyables i recordades en la València esportiva de sempre. El fet va ocórrer un primer de gener de 1925, quan els distints clubs esportius de València van decidir fer-li arribar a l’alcalde Luis Oliag, una felicitació d’Any Nou. Segons la idea perpetrada pel llavors entrenador del València FC, el txecoslovac Anton Fivebr, la felicitació hauria de recórrer en mans dels representants de cada club, un circuit urbà a manera de carrera de relleus fins a arribar a l’Ajuntament. Per unanimitat es va decidir que l’últim relleu ho donara José Andrés, com així va ser. El Roget va córrer els últims 200 metres i va ascendir al despatx de l’Alcalde per la gran escala de la Casa Consistorial, fent-li entrega de la felicitació i fonent-se ambdós en un abraç: “Amb esta abraçada a un esportista, abrace a tot l’esport valencià”, va sentenciar un emocionat Oliag.

 

UNA PLAÇA AL SEU BARRI

El Roget va morir en 1971 i els seus restes mortals descansen en el Cementeri General, on, com a homenatge pòstum, la Federació d’Atletisme va col·locar una placa amb la inscripció:”l’Atletisme Valencià al seu campió”. El nom del carrer li va ser denegat en l’ocàs del franquisme per algun il·luminat de l’Ajuntament que va voler vore en el malnom “el Roget” una tendència política en compte del seu característic color de pèl. Però els veïns del barri d’Algirós, que ho recordaven córrer i entrenar entre les seues hortes no van desistir en l’interés de reparar l’injust oblit a què havia sigut sotmés i van aconseguir que, 10 anys després de la seua mort, una plaça a escassos metres del camp on repartia refrescos, porte el seu nom. Hui, la placa primigènia de taulellet pintat és a penes perceptible a causa del seu mal estat de conservació, però aguditzant la vista encara s’intuïx la silueta d’un corredor junt amb el rètol: Plaça de l’Atleta José Andrés “el Roget”.

azulejo atleta jose andrés
Placa de taulell pintat situada a la plaça dedicada al Roget.

 

CÓRRER PEL CARRER